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La humanidad tiene que hermanarse; y, para ello, debe comenzar porque cada habitante intente superarse a sí mismo. Esto requiere de otras atmósferas menos poderosas y más poéticas, encaminadas hacia un humanismo trascendental, donde el sujeto pensante ha de ser la finalidad suprema del proceso. Al fin y al cabo, todos tenemos una misión que desplegar, con una vocación al avance y un deber único que ha de hacerse comunitario; pues, las civilizaciones nacen, crecen y mueren. De ahí, la importancia de proteger a los docentes en contextos de conflictos, garantizando su seguridad. Por desgracia, estas gentes didácticas suelen estar sobrecargadas de actividades, poco apoyadas socialmente y en número insuficiente.
Nuestros niños son la esperanza para el cambio; tengámoslo presente. Se requiere, por tanto, más entusiasmo de las instituciones. Los datos están ahí: sólo el 3% de los niños y jóvenes en edad escolar están fuera del sistema educativo en los países de ingresos altos; en cambio, en los países de ingresos bajos, ese número asciende al 36% , lo que supone más de un tercio de todos ellos, de los cuales más de la mitad viven en África subsahariana. Estas cifras nos indican que, la solidaridad universal, aparte de ser un deber ciudadano, hemos de potenciarla mucho más, ya que es un beneficio inclusivo. De lo contrario, aparte de alterar la escala de principios y valores, suscita entre unos y otros, batallas absurdas y un materialismo sofocante, que nos deja huellas injustas de desequilibrios crecientes.
Lo saludable es escucharse entre sí y abrirnos a todas las culturas planetarias, para humanizarnos y no deshumanizarnos, querernos y respetarnos mutuamente. La ciudadanía hay que ejercitarla conjuntamente, en un orbe globalizado como el actual, donde cada cual tiene su horizonte a trabajar, su cometido y tarea. En consecuencia, la búsqueda exclusiva del tener y poseer, se convierte en un obstáculo para el crecimiento armónico y se opone al verdadero sentido natural de grandeza humanística. La avaricia, sin duda, siempre lo tritura todo; es la forma más obvia de un atraso moral sin precedentes. Hoy más nunca se pide hacer justicia para correspondernos y ser buenos para los demás, justamente así podremos estar en alianza hasta con nosotros mismos.
Únicamente es posible avanzar cuando se piensa en grande, renovando. Desde luego, no existe una mejor prueba del florecimiento de un compuesto de costumbres, ideas, creencias y conocimientos, que caracterizan a un grupo humano en un momento de su evolución, que la del incremento del ánimo cooperante. Esto nos demanda, con mayor motivo, pensadores de reflexión profunda que sitúen al ser humano en el centro de la reflexión, asumiendo los valores celestes del amor y no los mundanos del interés. Indudablemente, otro de los primeros pasos, será silenciar las armas y fortalecer la cohesión social. De hecho, el desarrollo impone acuerdos, porque mientras perduren las opresiones de los pueblos, las injusticias y las inestabilidades económicas, tampoco habrá paz.
En absoluto tendremos quietud, en esta tierra que es de todos y de nadie en particular, si no procuramos subsistencia colectiva y sentido social en los andares, poniendo los instrumentos necesarios, para que cada cual pueda encontrar en ella lo que necesita. Ojalá aprendamos a llevar a buen término, un buen uso de las riquezas, viviendo en común los sueños y con el factor moral como lenguaje, concienciándonos de que nada somos individualmente y de que el trabajo une las voluntades, aproxima los hálitos y funde los corazones. Además, lo íntegro, nos insta a un progreso humano y espiritual agrupado, en donde todos tengan que dar y recibir, sin que el progreso de algunos sea un obstáculo para el auge de los demás. Salir del aislamiento a golpe de abrazo sincero, ha de ser lo nuestro.
El artículo menciona el tema de la educación en todo el mundo, dividiéndola en dos partes: países desarrollados y países en desarrollo. La educación en los países ricos llega al 97% de los niños, mientras que en los países en desarrollo esta cifra es del 64% en promedio.
¿Estos datos apoyan la idea de que un mundo equilibrado con igualdad social provendría de una mejor educación?
Pues bien, el materialismo mencionado en el texto debe ser ciego porque la desigualdad proviene precisamente de los países desarrollados donde explotan al resto del mundo impidiendo su industrialización y pleno desarrollo.
Y cuando hay inmigrantes en los países desarrollados, esos mismos inmigrantes tan necesarios son degradados y tratados como inferiores ante los prejuicios.
Estados Unidos es un país desarrollado con índices de violencia y desigualdad social en comparación con los países en desarrollo.
El materialismo es un buen método de análisis, lo utilicé en mi tesis doctoral, pero hay que utilizarlo con seriedad y como autocrítica.
Incluso si los países en desarrollo logran una educación 100% inclusiva, ¿eliminarán los países ricos los embargos, la explotación de la tierra, quitarán sus empresas transnacionales que no transfieren tecnología, desactivarán sus empresas que se quedan con todas las ganancias y dejarán los desastres naturales en manos de la población local?
El problema no es la educación de los más pobres. El problema es el egoísmo de los más ricos.