¿Contra el sionismo cabe el borreguismo?

La presencia en la Vuelta ciclista a España de un equipo de corredores israelitas propiedad de un sionista canadiense está desembocando en un vergonzoso caos que mezcla deporte, guerra, vandalismo y…racismo puro y duro.

La etapa de ayer no pudo acabar en Bilbao. Un numeroso grupo de borregos vandalizados reventó a empujones y con enorme violencia el final de la carrera, poniendo en peligro la integridad de todos los ciclistas participantes.

Lo peor llegó después. La propia organización de la Vuelta reclamó a los israelíes que dejen la competición a la que esa misma organización había invitado hace meses y por la que ese conjunto paga mucho dinero.

Juntar deporte y política suele dar los mismos resultados que fabricar un cocktail de aceite y agua.

El inadmisible y condeno enérgicamente el genocidio en GAZA, desencadenado por el nazi NETANYAGU, bendecido por TRUMP y tolerado por una Europa silente y acobardada, no deben pagarlo unos deportistas.

El peor sionismo de la historia se jacta hoy de su evidente prepotencia y pujanza. Ante ello, las naciones y los ciudadanos del mundo tienen el derecho y casi el deber de protestar y en su caso manifestarse pacíficamente o imponer sanciones económicas, diplomáticas u otras de diferente pelaje.

Entre esas decisiones pueden tener cabida incluso el apartamiento de Israel de todo tipo de actividades o eventos culturales, sociales o deportivos. Desde Eurovisión hasta carreras ciclistas. No obstante, esas decisiones por cobardía o intereses económicos no se han tomado. 

Por ello, intentar expulsar ahora de una boda, en esta ocasión deportiva, a los que has convidado formalmente y que han pagado sobradamente su cubierto, es propia de cobardes o de catetos.

Responder a intolerables matanzas a civiles con actos de pura kale borroka no semeja ser ni lo más lógico, ni desde luego, lo más justo.

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