Punto 3, último baile

@jsuarez02111977

Yo fui de los que cerraron bares y discotecas antes de que se inventaran los afters. De los que sabían que la noche coruñesa no empezaba de verdad hasta que la persiana de Punto 3 subía bajo los soportales de San Agustín. Y sí, lo confieso: muchas veces entré ya doblado, con media ciudad patas arriba, y salí cuando la luz del amanecer te recordaba que eras mortal y que, a esas horas, hasta los héroes del rock necesitan un café y un paracetamol.

Punto 3 no era una discoteca. Era un agujero negro con barra, donde se juntaban los inadaptados, los que no querían bailar lo que sonaba en Los Cantones ni hacer cola en el Playa Club para parecer modernos. Allí se iba a sudar, a beber, a desafiar a la gravedad con un air guitar cuando sonaba AC/DC, o a maldecir a medio mundo con The Cult tronando desde la cabina. Era la cueva donde uno podía ser lo que le saliera de las narices, sin pedir perdón.

En los noventa, mientras media ciudad se emperraba en copiar lo peor de Madrid, Punto 3 resistía con guitarras, humo y un puñado de tipos que se dejaban la vida en la cabina. Manolo, Mincha y aquella panda de locos con discos bajo el brazo ponían orden en el caos, que era lo más parecido a la libertad que he visto en una pista. No había postureo de redes sociales, ni falta que hacía. Si querías impresionar, te lo currabas con los codos apoyados en la barra y la lengua afilada como una navaja.

Luego llegaron los tiempos de R&B y luces más amables. Se domesticó un poco el monstruo, como esos viejos boxeadores que aprenden a pelear con técnica cuando ya no tienen veinte años. Pero el alma seguía allí. Punto 3 era un club donde todo el mundo cabía: el punk de Monte Alto, la rubia de Derecho, el que había salido rebotado del Playa, y el que solo quería un último whisky antes de rendirse a la madrugada.

El día que bajaron la verja por última vez, en 2015, se cerró más que una discoteca. Se apagó un símbolo. Perdimos una patria nocturna, un lugar donde aprendimos que la música no se baila, se vive; que las mejores conversaciones nacen con la boca torcida de alcohol y las peores decisiones se toman a las seis de la mañana con una sonrisa cómplice.

Hoy, cuando paso por San Agustín y veo la verja cerrada, me parece escuchar aún los ecos de aquella tropa maldita que juraba no irse nunca. Punto 3 no era perfecto, ni falta que le hacía. Era nuestro. Era canalla, oscuro, y tan libre como la vida cuando se vive de verdad.

Brindo por ti, viejo refugio de insomnes. Porque sin tus noches, esta ciudad sería un poco más gris y nosotros bastante más aburridos.

Fotografía. Facebook Punto 3

Etiquetas
Comparte éste artículo
No hay comentarios