@jsuarez02111977
La Traída era un bar sin cartel y con las cosas claras. Lo abrió Antonio Vázquez en 1936, justo enfrente de la oficina donde se pagaba el agua. De ahí el nombre. No hacía falta nada más. El que entraba sabía dónde estaba. El que no, que preguntara.
Después de Antonio vinieron Delia, su viuda, y luego las hijas, Sisa y Mari Carmen. Las llamaban de todo: las Viudas, las Hermanas Sisters, las Rubias, las Solteras, las Parisinas. Ellas aguantaban la guasa, servían la cunca y ponían el vino como Dios manda.
Dentro había pipas en la barra, suelo de serrín, retrete en el patio y un olor a ribeiro que se te pegaba en la ropa como un tatuaje barato. Se comía lo justo: chicharrones, queso de Arzúa y empanada de xoubas los fines de semana. Con eso bastaba.
La Traída era un antro deportivista. En las paredes colgaban pósters, banderines, muñecos y cacharros del Dépor. Allí se dejaban ver Paco Vázquez y Lendoiro, aunque nunca coincidieran. Se discutían alineaciones, se cantaban goles y se lloraban descensos. Era fútbol con vino y en taza.
No había glamour, ni falta que hacía. El que entraba sabía que aquel era un bar de verdad. Nada de copitas con sombrilla ni camareros disfrazados de pingüinos. Allí se bebía en cunca, de pie o apoyado en la barra, y se hablaba a voces, porque en La Traída se hablaba fuerte o no se hablaba.
El 31 de mayo de 2010, a las cinco menos cuarto, se bajó la persiana. Punto final. Setenta y cuatro años sirviendo vino a borbotones y dando de comer a todo aquel que se dejaba caer. Lo que quedó después en Torreiro fueron bares de diseño y un japonés. Muy bonitos, sí. Pero aquello ya no era lo mismo.
La Traída murió ese día, y con ella murió una forma de beber, de hablar y de vivir la ciudad. Era un bar con carácter, con mugre, con alma de verdad. Un sitio que no se repetirá, porque a Coruña le sobran franquicias y le falta autenticidad.
Fotografías. ttps://elblogdenerioazul.blogspot.com