El guitiricense (pero monfortino de adopción) José Tomé parece estar tan al mando de la Diputación de Lugo como un pato de goma en pleno tsunami. Se supone que es el capitán, pero la nave socialista de la provincia se mantiene a flote —si es que lo hace— gracias a una «calma tensa» que tiene más de histeria contenida que de paz verdadera. Tomé, con su proverbial habilidad para «controlar» las reyertas internas (léase: dejarlas fermentar hasta el punto de ebullición), no consigue revertir la situación, sino que se dedica a presidir una serie de escaramuzas dignas de una comedia de enredos. Y si aún encima, contó con el aval en las primarias, de Santos Cerdán…..
La tan cacareada «tregua interna» del grupo provincial suena más a una pausa para recargar munición, que a un armisticio sincero. Hay acuerdos supuestamente esperando la luz que servirán de termómetro para ver si esta legislatura acaba en un desenlace dramático o en un simple sainete de bajo presupuesto.
La margarita (si, no), del Alcalde de Lugo
Mientras tanto, en este peculiar teatro de la política lucense, el alcalde de Lugo, Miguel Fernández, ha decidido que es mejor prevenir que curarse… o ahogarse. Fernández estaría valorando un movimiento tan audaz como lógico, dejar el barco de la Diputación para concentrarse en su alcaldía. Su razón es simple, evitar la incómoda esquizofrenia de tener que opinar de forma distinta, en el Ayuntamiento dice A y en la Diputación, B. Eso sí, para garantizar que su deserción sea elegante, quiere dejar a su escudera, Ana Abelleira, con el salvavidas de la vacante. Un gesto de alta política, o de supervivencia pura.
La dirección provincial ya ha recibido sus correspondientes tirones de orejas del alcalde de Castroverde, confirmando que las aguas están tan turbulentas como un café en la cafetera. Las dificultades en Sarria son solo la punta de un iceberg de un PSOE que va a la deriva en Viveiro, Foz y otros puntos, donde parece que tienen más problemas para encontrar candidatos que para generar líos.
La «partida de ajedrez» por el sabroso botín de San Marcos (eufemismo para referirse al presupuesto de la Diputación) no es de gran maestro, sino de principiantes que mueven piezas al azar. A los «amigos» les premia con 250.000 euros. Algunos de sus fieles le critican, no con dinero se arregla el problema. El futuro de la Diputación no se dirime basándose en planes estratégicos, sino al puro arte de la improvisación y a la necesidad de untar con dinero público a sus fieles. Que Tomé y compañía sigan «navegando»… al menos tienen entretenimiento asegurado para el resto de la provincia.
¡Ojo al dato! En el ajedrez político, a veces la derrota es más ruidosa que la victoria. La figura de Iván Castro, el «osado» que se atrevió a plantar cara a José Tomé en las primarias, ha quedado grabada a fuego como el vencedor espiritual… o, al menos, como el mártir más carismático.