Quedé con Jordi Cicely (Lugo, 1978) en el salón de columnas del Círculo de las Artes. Me pareció el lugar adecuado para hablar de literatura con un escritor que publica su segunda novela, “El verano que volvió Sherezade” (Fanes Editorial). Llegué media hora tarde, porque la conversación pendiente en otro lugar y con otra persona se alargó más de lo que tenía previsto, como suele ocurrir con las charlas que gustan y las que disgustan. Jordi esperaba sentado en una mesa prudentemente alejada de los que esperaban el inicio del bingo. Por saludo, le pedí disculpas, a sabiendas de que Jordi, al que conozco desde hace años, no estaba molesto en absoluto. Tras un prólogo de convencionalismos sociales, puse la grabadora del móvil sobre la mesa y empuñé el bolígrafo que tuve que pedir prestado en recepción. Había llegado el momento de ponerse a escuchar.
Empecemos por los orígenes: ¿Cuándo supiste que querías escribir una novela y no solo relatos? ¿Qué motivó ese salto?
Me gusta esta pregunta, porque yo empecé escribiendo relatos en Londres, cuando trabajaba en Gatwick, aunque tenía la idea de escribir una novela desde muy joven, desde que leí “En el camino” de Jack Kerouac, que me impactó y marcó un punto de inflexión en mi vida. Empecé con los relatos y vi que la cosa funcionaba y que cada vez los relatos eran más complejos, tocaban más temas, a la gente les gustaba más. Cuando apareció en mi vida la protagonista de “Mariela envenena mis sueños” supe que era el momento de empezar a escribir una novela. Fue un cúmulo de circunstancias: Londres, donde viví un momento pletórico de mi vida, la aparición de esta persona, el éxito que empezaban a tener mis relatos…
Has dicho que la escritura comenzó como una vía para canalizar tu ansiedad. ¿Cómo ha cambiado esa relación entre escritura y salud emocional desde que empezaste hasta hoy, si es que ha cambiado?
Empezó siendo un modo de calmar la ansiedad, no para curarla, que eso es cosa de la terapia, sino para controlarla. Era un círculo extraño, porque escribía para calmar mi ansiedad, pero sobre temas que me provocaban ansiedad. La relación entre escritura y salud emocional cambió con esta segunda novela, porque si la primera la escribí sufriendo, poniendo sobre el papel temas que me hacían daño, en esta segunda novela ya escribo disfrutando, sin tanta ansiedad. Antes escribía y sufría ansiedad; ahora se escribir para disfrutar.
Tu primera novela, Mariela envenena mis sueños, aborda el desamor, la crisis personal, los viajes… ¿Qué te llevó a ambientarla en Cuba y qué papel juega el paisaje en tu escritura?
Creo que Cuba es un paraíso, que la gente la ve como un paraíso. Es el Caribe… la luz, los paisajes, el color del cielo, la temperatura del agua… hay cosas malas, por supuesto, pero lo cierto es que es un paraíso. Sin embargo, el protagonista vive un infierno interior y no es capaz de apreciar la belleza que le rodea. Es como “La vida es bella”, donde el padre crea un paraíso en mitad del infierno de un campo de concentración; en “Mariela envenena mis sueños”, por el contrario, el protagonista vive un infierno interior en un paraíso.
¿Qué premios o reconocimientos de relatos anteriores consideras que marcaron un antes y un después en tu carrera literaria?
El premio del Certamen Literario Internacional “Los libros de Charlie” (Argentina, 2017), un certamen al que se presentan más de quinientas obras en habla castellana. Es un punto de inflexión, en el que se da a conocer mi relato “Me fui”, el segundo relato que escribí cuando empecé a padecer ansiedad y este premio representó un punto de inflexión. Me sentiría escritor aunque sólo hubiese escrito “Me fui”.![]()
La nueva novela, “El verano que volvió Sherezade”: ¿qué fue lo primero que te inspiró: el personaje de Sherezade, Friol, la música de los 90…?
Todo un poco. Llevaba tiempo queriendo escribir algo ambientado en Friol. A Friol le faltan dos cosas: El mar y una novela, aunque el mar lo tendremos (se ríe) y la novela ya la tiene. Mis veranos en Friol fueron una inspiración y la música de aquellos tiempos, especialmente del 93 al 96, que salen unos discos impresionantes; el protagonista regresa de Cuba, como yo he regresado a Friol… lo primero que tuve claro, lo primero que escribí de esta novela fue el final. No sabía lo que iba a pasar hasta llegar a ese final; fue como escribir hacia atrás. Friol ha crecido mucho en estos años, y los recuerdos casi en blanco y negro que yo tenía de Friol y la imagen a color del Friol de hoy se juntaron para hacerme sentir que debía una novela a Friol.![]()
La sinopsis de la novela adelanta que el protagonista se enfrenta a un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) tras una ruptura. ¿Hasta qué punto este aspecto es autobiográfico o simbólico para ti?
Totalmente autobiográfico. Yo empecé a sufrir ansiedad con 26 años, pero arrastraba un transtorno obsesivo compulsivo desde la infancia, pero eso antes… ¿quién sabía esas cosas? Ahora la gente lo sabe, pero en aquellos momentos te tomaban por loco: “No hagas eso, no hagas caso”. Yo recuerdo que tenía TOCs desde EGB. Ahora soy capaz de reconocerlo como lo que eran. Esta novela si es muy autobiográfica.
Lugares muy concretos, (Friol, viajes…) y épocas también: ¿cómo trabajas la ambientación temporal (los 90) y geográfica en tu narrativa?
Mi literatura es muy descriptiva, especialmente lo referente a los distintos lugares y espacios. Tenía muchas ganas de escribir sobre Friol, pero referenciando a aquellos años. Las canciones traen recuerdos al protagonista como me los traían a mi a medida que escribía la novela y eso fue muy importante para mi. Por ejemplo, escucho temas de Alanis Morissette y me recuerda la “presa de las vigas” que sale en la novela, el primer concierto de Oasis que pusieron en Radio3, que estábamos en Cotá [parroquia de Friol]… Va todo unido: Friol, música, paisajes, nostalgia… Llevaba mucho tiempo deseando hacer esta novela; salió de forma muy natural.
¿Cómo determinarías la conexión entre Mariela envenena mis sueños y El verano que volvió Sherezade? ¿Son independientes o existe un hilo común que los lectores deberían conocer? (Vi que en una reseña se comenta que pueden leerse de forma independiente). ¿Qué aporta? Porque ahora mismo hay mucha oferta literaria, presentaciones de libros…
Son dos historias independientes con un nexo de unión. El protagonista arrastra el dolor por una chica, Mariela, en sitios distintos. Quiero que cuando leas “Mariela” desees saber más, que cuando leas “Sherezade” pienses “¿Qué fue lo que ocurrió antes?”. Hay pistas en las dos novelas, pero no te pierdes nada de la historia que estás leyendo si no conoces la otra. Quiero que estas dos novelas formen parte de una trilogía, sin que los libros sean dependientes unos de los otros. Es un concepto complicado, que saqué de series como “Caleidoscopio”, que puedes ver los capítulos en el orden que desees y la serie sigue teniendo sentido viéndola de un modo distinto al que la puede ver otra persona, sin condicionarte a un modo concreto de poder verla. Busco un efecto similar con estos dos libros y el que espero que venga después.
Quería preguntarte qué te resultó más difícil de escribir de esta nueva novela, si el planteamiento, el final o la temática del transtorno y cómo hablar de ello con la sensibilidad que requiere, pero es una pregunta que ya casi has respondido antes porque el final no te resultó difícil, porque el final fue lo primero que escribiste.
Si, el final fue lo primero. Lo que más me costó fue escribir sobre el transtorno obsesivo compulsivo porque, como con la esquizofrenia, aún sigue siendo un tema del que se habla poco, un tema que provoca mucha vergüenza; otros transtornos como la anorexia, la depresión, la ansiedad… están más asumidas y se habla de ellas sin tantos problemas. Pero el TOC es todavía un tema del que no se habla y escribir sobre ello es complicado, aunque soy consciente de que es algo que sufre mucha gente. Además, estaba escribiendo algo sobre lo que la gente, al leerlo, siente vergüenza y me costó muchísimo, pero estoy muy orgulloso de haberlo hecho.
Autores o corrientes literarias que han jugado un papel decisivo en tu estilo, ya me has hablado de Kerouac, así que…
Si… la “Beat Generation”, en general, pero en esta nueva novela hay mucha influencia de la “Nouvelle Vague” francesa, sobre todo Eric Rohmer, (Cuento de Verano, La Coleccionista, Pauline en la playa…) porque Sherezade es una historia de verano; cuando lees la novela estás leyendo sobre las pandillas que todos tuvimos en verano, te recuerda a eso… Rohmer invoca mucho a los amores de verano, la pérdida de la inocencia… En esta nueva novela hay más de la “Novelle Vague” francesa que de la “Generación Beat”. “Mariela envenena mis sueños” es más Kerouac, “El verano que volvió Sherezade”, más “Nouvelle Vague”.
¿En qué punto profesional (y literario) te gustaría estar a medio plazo, digamos, cinco años?
Quisiera ver terminada la trilogía y seguir escribiendo. Quisiera que la gente que lea mis libros se pueda sentir identificado con lo que cuento en ellos. Yo no tenía a quién contarle estas cosas que me pasaban, no tenían ni nombre. Lo mejor sería que la gente que leyese mis libros pensase “Así me sentía yo, pero ahora ya estoy bien”. Por supuesto, también me gustaría tener cierto reconocimiento; la literatura puede ser un círculo muy cerrado y me costó mucho entrar en él. Seguir publicando es un éxito, aunque para mi la delicia es el hecho de escribir.![]()
Terminamos: ¿qué le dices al lector que vaya a abrir El verano que volvió Sherezade por primera vez?
Que vea todo con los ojos más transparentes posibles, sin juzgar a nadie, ni a los protagonistas ni al escritor, porque estos temas (el TOC, los reencuentros…) tienden a ser juzgados rápidamente… que disfruten el libro. La escritura es un acto de soledad, al igual que la lectura, que también se hace en soledad. Cualquier persona, en cualquier momento, puede pasar por una situación como las que describo, por una enfermedad mental… pero si se trabaja, siempre hay una luz.
Salimos del Círculo de las Artes y compartimos camino por las calles del centro de Lugo hasta que nos separamos frente a la iglesia de San Froilán. Jordi se perdió por la puerta de San Fernando y, a pesar de que la noche ya había caído sobre nosotros, parecía caminar hacia esa luz que aparece al final de todo proceso de búsqueda, incluso del más doloroso.