Surgió el movimiento «NUNCA MÁIS»., denostado por los políticos, incluso, como podrán leer al final del artículo, que Jaime Mayor Oreja dijo que este movimiento estaba al servicio de ETA.
Temían los gestores del desastre del Prestige el embarrancamiento del petrolero, lo cual era imposible, pues de acercarse a menos de una milla de tierra, el capitán Mangouras disponía de radares operativos, la Carta Náutica de la zona con la batimetría y el tipo de fondo hacia donde se dirigía en su deriva. Era evidente que el buque estaba estanco, y existen fotografías tomadas a cinco millas de Finisterre que lo confirman. De existir peligro, el capitán Mangouras habría fondeado sus anclas sin dificultad alguna (disponía de más de 300 metros de cadena en cada una de ellas); esto habría dejado al buque borneando y haciendo cabeza en su ancla, sin posibilidad de moverse hacia tierra. Si garreaba o rompía la cadena de una, utilizaría el ancla de la otra banda. (Aflojando el husillo del freno, cae por su peso al agua y se fila la cadena conveniente para frenar de nuevo al largar la longitud adecuada).
Los gestores políticos se afanaban en recordar, en medios de comunicación, los anteriores desastres en Galicia y sabía que en todos ellos existieron culpables y grandes daños medioambientales y costeros. Sin embargo, escondían el estado real del Prestige y que los técnicos españoles no iban a bordo ni a salvar el buque ni a comprobar su estabilidad. Habían actuado «a ciegas» para alejarlo sin comprobar ni controlar nada a bordo. Las consecuencias de su actitud y sus acciones fueron desastrosas para el buque y para las costas, especialmente las de Galicia.
No es descartable que creyeran que Europa pagaría, pues entre tanto político ignorante del Derecho Marítimo, surgieron comentaristas que, al ver que la situación se les había ido de las manos y conocido el desastre, siempre recurrían a Europa. Pero en este caso no fue un desastre natural; fue un accidente normal cuyo manejo y responsabilidades están tipificados por ley.
El movimiento «Nunca Máis»
La aparición de «Nunca Máis» fue ira de un pueblo desatada contra sus políticos, por el engaño a los demás. Las pancartas exhibidas en las manifestaciones de «Nunca Máis» acertaban de pleno con los culpables.
Los gestores del desastre y los políticos siguieron a lo suyo hasta provocar el desastre y, además de culpar al capitán, Armador, Fletador, Sociedad Clasificadora, etc., pretendían justificar su ignorancia con declaraciones a cuál más «rocambolesca». En cierta medida lo han logrado, porque entre los suyos, muchos, incluso a día de hoy, siguen en la más absoluta ignorancia. El Capitán Mangouras nunca fue absuelto, pero todos los gestores han ganado o ascendido de categoría como si su gestión hubiese sido brillante. Lo correcto hubiera sido aplicar el Código Penal a varios de ellos, merecedores de cárcel, porque las indemnizaciones deberían ser cuantiosas.
Poco le importa ahora al Capitán Mangouras, con más de 90 años, que reparte su vida entre Atenas y su isla de Icaria, cobrando un extra de 6.000 euros mensuales de por vida (además de su pensión de jubilación) que le asignó el London P&I Club por haberse quedado a bordo.
A veces se anotan manifestaciones de los políticos actuantes en aquellas fechas sin ánimo de criminalizarlos, pero es conveniente rememorarlas para comprobar el bajo nivel de todos ellos en asuntos marítimos. Sabemos que, por su ignorancia, se atreven a gestionar los accidentes marítimos en nuestro país. Siempre lo hacen porque los de su partido político harán lo necesario para que jamás sean condenados, y si lo fuesen, los indultan.
El Parlamentario vasco Jaime Mayor Oreja (que no podía ser menos que los demás) afirmó: «En el País Vasco estamos padeciendo las consecuencias de grupos como NUNCA MÁIS. Lo que estamos padeciendo es la batasunización de la sociedad por parte de ETA. Su estrategia siempre ha sido crear estructuras sociales que, sin llamarse ETA, estaban al servicio de ETA.» (El Sr. Mayor Oreja mezclaba sus pensamientos con una realidad bien distinta).
En el próximo libro del periodista Gonzalo Soto, «La Venganza del Prestige«, seguramente muchos de los intervinientes en el desastre y sus frases (que han quedado para la historia) entenderán de una vez por todas que «no vale todo», y que la verdad, tarde o temprano, es conocida por todos. Los reconocimientos hechos «por sus amigotes» y las condecoraciones los han marcado para siempre.