Una canción sobre la belleza de romperse y volver a brillar.
“Luciérnagas” nace desde la herida, pero también desde la luz que habita en ella. Es una canción que habla de tocar fondo —no como un final, sino como una puerta hacia una nueva forma de encontrarse—.
En esta colaboración, Las Bajas Pasiones y Clara Peya entrelazan dos mundos que se reconocen en la vulnerabilidad: la potencia emocional del piano de Clara y la voz cruda del grupo se funden en un paisaje sonoro íntimo, suspendido entre oscuridad y esperanza.
“Luciérnagas” respira sombras, pero en ellas parpadean pequeñas luces que guían el camino. Invita a mirar hacia dentro para poder mirar hacia delante, recordando que incluso en los momentos más densos hay una chispa que insiste en no apagarse.
De sonido analógico y envolvente, es uno de los temas más orgánicos del grupo, con piano, bajo y batería dialogando con la electrónica característica de su universo. Una declaración de que la belleza también puede nacer de la fractura. La producción corre a cargo de Dídak Fernàndez y Adri González (Trampoline Music Studio), en un trabajo colectivo junto a Clara Peya y el grupo.
El videoclip, dirigido por el ilustrador Roberto Segond, retrata la vida y transformación de un “monstruito queer” —colorido, tierno y orgulloso— que revive sus hitos vitales en un ritual colectivo de amor, humor y memoria LGTBIQ+.
UN POCO MÁS
Las Bajas Pasiones se han consolidado como una de las formaciones más singulares y comprometidas del panorama estatal, mezclando electrónica, rap y pop con discurso queer, poesía y baile.
Clara Peya, reconocida con el Premio Nacional de Cultura de Cataluña 2019, es una de las pianistas y creadoras más brillantes y valientes del país, capaz de unir virtuosismo y emoción sin fronteras entre géneros.
“Luciérnagas” simboliza el punto de encuentro entre ambos mundos: la palabra como desahogo, el sonido como refugio y la emoción como territorio común. En un momento en que la música tiende a la inmediatez, este tema apuesta por la pausa, la introspección y la belleza que surge de mirar la herida con ternura.