El enfrentamiento, ya más que evidente entre Juan Carlos I y su hijo Felipe VI, adquirió ayer ribetes churriguerescos.
El vídeo del emérito en redes sociales, a medio camino entre un postrero mensaje a la nación española y la cutre promoción de su libro de un influencer de medio pelo, bordea el ridículo.
El Borbón no trajo por la gracia de Dios la democracia a España.
Cuando Franco le nombró sucesor en 1969 la CIA ya le marca al exmonarca el futuro político de un poderoso país europeo aliado en plena Guerra Fría.
Se trata de un sistema de alternancia en el poder entre dos grandes partidos de centro-izquierda y centro-derecha. Con entrada en la OTAN y el Mercado Común y el mantenimiento y potenciación de las bases estadounidenses en suelo hispano. Los USA no desean en absoluto ni involuciones ni nuevos conflictos civiles.
Guerra dinástica
Mucho antes de morir el dictador y en plena guerra con su padre, don Juan, por la legitimidad dinástica, el emérito es consciente de que su reinado duraría meses si se convierte en un mero continuador del franquismo.
Ruptura o reforma
Juan carlos I hace de la necesidad virtud. Ante la posibilidad real de una ruptura democrática que cuestione la Corona, activa una raadical reforma del régimen desde dentro.
Con la inestimable ayuda de Suárez y; sobre todo, de Torcuato Fernández Miranda, desmonta los pilares esenciales del viejo régimen en un año.
Renuncia así y por la lógica de la mera supervivencia a los poderes absolutos con los que Franco le había ungido como continuador de su obra.
Años dorados
A partir de ahí, la gloria. La Constitución, el mito de una transición sin sangre, el reconocimiento internacional, su supuesta intervención heroica el 23F…todo iba viento en popa a toda vela.
Pero las irrefrenables pulsiones sexuales, sus ansias de riqueza y el sometimiento total del establisment político, mediático y judicial a su figura le hacen creerse a sí mismo intocable.
Y así fue durante décadas, hasta que Corinna, una cacería fallida y sus trapos sucios financieros emergen y le pasan seria factura a principios de 2011 y 2012.
Es el principio del fin. Abdicado por obligación en 2014 solo le queda el silencio y el ostracismo. Todo empeora cuando el PSOE, Hacienda y un ambiente hostil le aconsejan poner tierra de por medio por si las moscas.
Pero se niega a ser un jarrón chino para disgusto permanente del actual rey.
Se va a Abu Dhabi, aterriza para regatear en Sanxenxo cuando le peta, difunde en el HOLA celebraciones cumpleañeras fastuosas y finalmente prepara un libro de ajuste de cuentas contra casi todos. Ironías de la vida, lo llama Reconciliación.
La historia y no su ególatra texto impreso le pondrá en su sitio. Tuvo aciertos políticos notables y errores y vicios poco perdonables.
Ahora, en el crepúsculo, alguien debería aconsejarle que se callara ya y que rece para no tener que morir en el exilio como su abuelo. Sería un lamentable final a su discutible pero importante trayectoria vital.