María Reigosa: el verso suelto que desnuda la debilidad de Miguel Fernández

La salida de la concejala de la militancia socialista evidencia el desgobierno en el Concello de Lugo, donde el alcalde navega entre contradicciones y un liderazgo inexistente.

A Miguel Fernández la Alcaldía de Lugo parece haberle quedado grande. Su gestión se ha convertido en un goteo constante de incendios diarios, siendo el último , y quizás más revelador, el de María Reigosa. La concejala ha abandonado la militancia socialista, abriendo una brecha de incertidumbre: de momento sigue en el equipo de gobierno, pero su condición de «verso suelto» amenaza con dinamitar la ya frágil estabilidad municipal.

Hace más de un mes, 21noticias ya advertía de la inestabilidad y la falta de liderazgo que hoy fracturan el Ayuntamiento de Lugo. La reciente crisis con María Reigosa y los bandazos de Miguel Fernández confirman nuestra exclusiva sobre un gobierno a la deriva. Lo que entonces era una previsión es hoy una parálisis institucional que deja al PSOE lucense sin rumbo claro

La tensión en los pasillos de la casa consistorial es eléctrica. Fernández se muestra como un regidor carente de liderazgo, atrapado en un juego de sombras donde nombres como el de Mauricio Repetto cobran protagonismo. Repetto, consciente de que sus opciones de repetir en una futura lista de Fernández son nulas, se mueve entre bambalinas valorando escenarios de salida. Un sálvese quien pueda en toda regla ante un proyecto que se siente agotado.

Lo vivido esta misma ayer roza el esperpento político. En cuestión de horas, el alcalde pasó de exigirle el acta a Reigosa a recular públicamente, asegurando que «todo seguirá igual» y que la concejala mantendrá sus funciones. ¿Puede un alcalde permitirse tales bandazos sin perder el resto de autoridad que le queda? Esta incapacidad para mantener una postura firme recuerda a la peor versión de Gómez Besteiro: esa habilidad para ofrecer cinco versiones distintas de un mismo hecho sin inmutarse, pero con el coste añadido de generar una parálisis institucional evidente.

La pregunta ahora es qué camino tomará María Reigosa. Su voto, ahora guiado únicamente por su conciencia y fuera de la disciplina de partido, es una espada de Damocles sobre un «desgobierno» socialista que parece haber perdido el rumbo. Lugo no necesita un alcalde que dé tumbos, sino una gestión que deje de gestar crisis para empezar a gestionar soluciones.

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