La imagen del día no la han protagonizado las grandes máquinas, sino las manos de quienes menos se esperaba. En una jornada marcada por las secuelas del temporal, los vecinos de Maceda (Ourense), han dado una lección de solidaridad y resistencia. Un agua que baja negra como el chapapote del Prestige, de la montaña de los incendios del verano, van a dar a los ríos contaminándolos y estos al desembocar en la mar, las corrientes empujan al chapapote de monte hacia las rías, o caen directamente en las ricas rías gallegas matando el marisco, tan escaso en los últimos años
Antes de llegar a la mar o al río, los vecinos de los pueblos limítrofes a los montes quemados, tiene que limpiar las calles, todo un ejemplo de solidaridad vecinal A pesar de que muchos de ellos tenían que acudir a sus puestos de trabajo, decidieron posponer sus obligaciones para enfrentarse a una tarea hercúlea: retirar el fango, el lodo y los restos que el agua y la tierra dejaron a su paso, bloqueando accesos y anegando viviendas. Ya lo denominan chapapote del monte















Maceda- Fotos de: Maribel F. Suevos
Lo que hace este gesto aún más heroico es la realidad de sus protagonistas. Al igual que sucede en tantas otras aldeas del rural gallego, la población es mayor y muchos de los que hoy empuñaban la pala lo hacían arrastrando importantes limitaciones físicas. Sin embargo, la dificultad de movimiento no fue impedimento para que, unidos, trabajasen codo con codo para liberar sus caminos.
«No se trata solo de limpiar, se trata de que si no lo hacemos nosotros, no lo hace nadie», comentaba uno de los vecinos afectados de Baños de Molgas. Con las botas hundidas en el lodo y bajo condiciones de gran dureza, el vecindario demostró que la cohesión social es la herramienta más potente que le queda al rural frente al abandono y las inclemencias.




Baños de Molgas. Fotos de María Mangana
Esta situación vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de las pequeñas aldeas gallegas, donde la falta de medios oficiales obliga a los propios ciudadanos —muchos de ellos en edad de jubilación o con problemas de salud— a realizar trabajos de emergencia que entrañan un riesgo evidente para su integridad física.
Embalse de Belesar
Desde la comunidad vecinal se apela a la sensibilidad de las administraciones para que la ayuda llegue allí donde el asfalto se vuelve barro y donde las limitaciones físicas se suplen con una voluntad inquebrantable.