El 18 de agosto de 1936, las balas fascistas del bando sublevado silenciaron la vida de Federico García Lorca en el camino de Víznar a Alfacar. El poeta más universal de las letras españolas fue ejecutado por lo que encarnaba su genio creador, su compromiso con la causa republicana y su libertad afectivo-sexual. Nueve décadas después, el cuerpo del dramaturgo continúa desaparecido en alguna cuneta de la geografía española, mientras el sustrato ideológico que justificó su crimen resurge en el debate público de la mano de la extrema derecha.
El asesinato de Lorca no fue un hecho aislado ni fruto de rencillas locales, sino un acto deliberado de represión sistemática contra la intelectualidad. Las escuadras de Falange y la Guardia Cívica actuaron bajo las órdenes de un engranaje golpista empeñado en extirpar cualquier vestigio de modernidad y diversidad. La orden contra el autor de Poeta en Nueva York respondía a la premisa de que su pluma resultaba más peligrosa que un arma, iniciando así un largo periodo de censura y persecución cultural.
El negacionismo de Vox como herencia ideológica
Casi un siglo más tarde, formaciones como Vox recogen el testigo del revisionismo histórico al cuestionar las leyes de memoria democrática, derribar vestigios de reconocimiento a los represaliados e intentar diluir la responsabilidad del régimen franquista en sus crímenes. Al calificar las políticas de reparación como «herramientas de división» o al amparar discursos que relativizan el golpe de Estado de 1936, las corrientes de extrema derecha actual actúan como herederas ideológicas del pensamiento que persiguió a Lorca.
El intento de enmascarar o legitimar el pasado no solo atenta contra los familiares de los más de 110.000 desaparecidos que siguen en las cunetas, sino que perpetúa una batalla cultural orientada a ilegalizar la diversidad y el pensamiento crítico.
La figura de García Lorca trasciende las fronteras del tiempo para convertirse en un símbolo de la resistencia democrática. Recordar quiénes apretaron el gatillo en 1936 y señalar a quienes hoy disculpan a sus ejecutores no es un ejercicio de revanchismo, sino una exigencia ética. Frente al avance de discursos ultraderechistas como el del diputado de VOX José M. Figaredo. que invitaba a «cazar» a los maroquies que entraron en Ceuta, que pretenden dinamitar la convivencia, la defensa de la cultura, la pluralidad y la memoria histórica, constituye la principal salvaguarda de la libertad en la España contemporánea.
Foto portada: Federico García Lorca. Huerta de San Vicente, Granada, 1932. Detrás se ve el cartel para La Barraca diseñado por Benjamín Palencia. Colección Fundación Federico García Lorca.