Malpica le gana la partida a Vigo: Navidad eterna y «pastoreo» electoral

Parece que en la carrera por el trono navideño, Abel Caballero ha encontrado un competidor que no esperaba, y no precisamente en Madrid ni en Nueva York, sino en la Costa da Morte. El alcalde de Malpica, en un alarde de previsión (o de pereza extrema, según se mire), ha decidido adelantar la Navidad de 2026 simplemente no quitando los adornos de la anterior.

Mientras en otros sitios se pelean por ver quién tiene más millones de LED, en Malpica son más de «economía circular»: si no apagas las luces, no tienes que volver a encenderlas. Eso sí, la iluminación es más bien discreta, casi tan tenue como las luces que emanan de su propio despacho en la casa consistorial, donde parece que el interruptor de las ideas lleva tiempo en posición de «ahorro energético».

Pero no se equivoquen, que el alcalde «pepero» no está dormido. Al contrario, se mueve más que los precios del percebe. Como buen pastor, sabe perfectamente a qué ovejas hay que tener contentas. Es enternecedor ver a las brigadas municipales limpiando tajeas, desbrozando caminos y dejando los senderos como alfombras… eso sí, solo por donde pasan los vecinos que «votan bien».

Para los que no le votan, el alcalde aplica la teoría del olvido selectivo: si no hay papeleta, no hay cuneta limpia. Es la magia de la democracia local: el voto es el que da de comer y el que mantiene el movimiento constante de un Alcalde que, por muy pequeño que sea el Concello, tiene más idas y venidas ( prebendas y sueldo Nescafé), que una película de espías.

Así que, mientras Vigo presume de luces, Malpica presume de fidelidad clientelar. Porque el mantenimiento de los caminos de los amigos es sagrado, y si para eso hay que dejar las luces de Navidad puestas hasta noviembre para ahorrar tiempo, ¡que viva el espíritu navideño perpetuo!

Al fin y al cabo, un buen pastor nunca deja que sus ovejas pasen hambre de favores, que las elecciones, aunque parezcan lejanas, siempre están a la vuelta de la esquina.

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