Mañana lunes, España conmemora casi medio siglo desde que los disparos en el techo del Congreso de los Diputados intentaran descarrilar la joven democracia española. Sin embargo, al cumplirse el 45.º aniversario del 23 de febrero de 1981, el aniversario llega con un regusto amargo para historiadores y ciudadanos: el corazón de la trama sigue bajo llave, lo que porvoca suspicacias entre los españoles dando pìe a las especulaciones de todo tipo.
¿Por qué un gobierno que hace bandera de la Memoria Democrática no abre los archivos del 23-F?
- Existe un pacto no escrito en las élites políticas (el llamado Deep State o Estado Profundo) que considera que hay verdades que podrían desestabilizar la monarquía o la confianza en las instituciones. El PSOE, como partido de orden desde la Transición, suele ser muy celoso de esta «estabilidad».
- Si abres el 23-F, ¿qué viene después? ¿Los GAL? ¿Informes sobre el terrorismo de Estado? ¿Financiación de partidos? Una ley de secretos modernos obligaría a soltar lastre de muchas décadas.
- Aunque los socios de investidura (partidos nacionalistas o de izquierdas) suelen pedir la desclasificación en el discurso, en las negociaciones de presupuestos o leyes clave, el 23-F suele quedar relegado frente a temas económicos o de autogobierno.
Es casi cínico años, un gobierno que se dice progresista, no se entiende que se apoye en una ley firmada por Franco en 1968 para denegar el acceso a la información. Mientras esa ley no se derogue y se sustituya por una con plazos automáticos de desclasificación (como los 25 años de EE. UU.), la «verdad» será siempre una concesión del político de turno y no un derecho del ciudadano.
¿Estamos ante una libertad «tutelada»?
Parece que el sistema político teme que, si se corta el «tirante» del silencio sobre el 23-F, la imagen idílica de la Transición Española se desmorone. ¿La democracia española es lo suficientemente madura para soportar su propia verdad?
Pedro Sánchez está de contradición en contradición, presume de libertad mientras se ocultan los cimientos de esa libertad. El silencio se guarda porque muchos de los que estaban en segunda o tercera línea en 1981 terminaron teniendo carreras larguísimas en la política, la judicatura o el Ibex 35. Hay un miedo real a lo que las grabaciones de esa noche revelen sobre el papel del Rey Juan Carlos I.
Foto TVE