Lo que en las primeras horas se reportó como un naufragio accidental víctima del temporal, ha dado un giro de 180 grados tras las primeras incursiones de los buceadores del GEAS de la Guardia Civil. Las imágenes de la inspección submarina del ‘Nuevo Santa Irene’ han destapado una realidad mucho más oscura que se ocultaba bajo la línea de flotación.
La investigación ha confirmado que la embarcación iba sobrecargada con 11.000 litros de gasóleo, una cantidad que excede con creces las necesidades operativas de un pesquero de sus características. Los indicios apuntan a una «maniobra suicida» en mitad de la noche: el barco habría zarpado con el único objetivo de ejercer como gasolinera flotante en alta mar, sirviendo de apoyo logístico a un narcosubmarino o a una flota de planeadoras que aguardaban en la oscuridad.
A pesar de la aparatosidad del hundimiento frente a la costa de O Grove, los equipos de emergencia han logrado evitar un desastre medioambiental de grandes proporciones en una zona de alto valor marisquero. La estanqueidad de los depósitos tras el impacto ha sido clave, pero la amenaza sigue latente mientras el pecio permanezca en el fondo.
Las incógnitas bajo el agua
Aunque el combustible sigue sellado, las grandes preguntas de la Guardia Civil siguen sin respuesta:
- ¿Cuál era el destino final? El volumen de combustible sugiere una operativa de gran escala.
- ¿Qué sombra se oculta en la costa? La presencia de una nave nodriza o un semisumergible en las proximidades de las Rías Baixas mantiene en alerta a las fuerzas de seguridad.
La investigación continúa abierta y bajo secreto, mientras el ‘Nuevo Santa Irene’ descansa en el lecho marino como prueba silenciosa de una logística criminal cada vez más desesperada.