RC DEPORTIVO. Proyecto fantasma y luces de colores

Los últimos resultados negativos del Deportivo no son casualidad. Evidencian la falta de planificación que venimos denunciando desde hace tiempo. Hablamos de un proyecto deportivo que -a fin de cuentas- se reduce a una alineación de canteranos destacados aderezados con veteranos de guerras lejanas y desconocidas. A nivel táctico, el Granada desnudó las carencias de un equipo con una única estrategia de juego: ataque estático sin desborde alguno, lo que provoca que la grada se desespere por la falta de ritmo. En lenguaje técnico, dominio estéril. En román paladino, un coñazo infumable.

Pero la falta de proyecto también alcanza a nivel institucional, manifestándose la ausencia de líderes capacitados y experimentados, cuya labor –con la habilidad requerida- pueda llevar al equipo deportivista a la primera categoría del fútbol español. Es cierto que existe un presidente, forzado por las circunstancias que algún día se dirán. Pero JC Escotet no preside, ni lidera porque sus ocupaciones son otras. Ha delegado todas las labores en ejecutivos sin arraigo deportivista, que han sobredimensionado el club, provocando uno de los mayores gastos en personal no deportivo del fútbol profesional.

Estos ejecutivos son los que –con la pasividad de la dirección banquera- hacen de Riazor un escenario de espectáculos varios para “atontamiento” de las masas: luces de colores, conciertos extraños y un largo etcétera de atropellos a la inteligencia deportivista.

La irreverente actitud respecto a la inauguración del nuevo Museo & Tour acabó de encender los ánimos de la castigada masa social del Club. Y eso no es buena noticia para la co-propiedad. Las ausencias fueron demasiado llamativas: ni presidentes, ni exjugadores, ni peñas, ni socios. Solo ellos y sus acólitos. En resumen, propiedad bancaria y propiedad política. Lo demás no cuenta. Solo son figuras decorativas de un escenario construido para deleite de aquellos que vieron esos logros conmemorados desde el sillón de su casa, en el mejor de los casos. O que ni tan siquiera los vieron, porque ni sabían de su existencia. Hasta que llegó el boom televisivo y mediático, por el que los palcos de los clubes comenzaron a ser notoriamente visibles e influyentes. “Y ahí tenemos que estar, faltaría más”.

Y es que –digámoslo con la franqueza que otorga la libertad de opinión-, muchos de los asistentes a los actos programados por el RC Deportivo manifiestan un afán de protagonismo descomunal: la niña del bautizo, la novia de la boda y la muerta del entierro. Siempre ahí. “Que se vea quién soy yo y los míos”. Lo mismo Depor, que Basquet Coruña, la Orquesta Sinfónica o el bolo que toque.

Al banco no le bastó con poner a dedo a presidentes y consejeros sin vinculación alguna con el Club, cuando no, contraria al mismo en su pasado. Rectores, cuya gestión mantuvo a la centenaria entidad coruñesa vagando durante cuatro temporadas en la tercera categoría del balompié estatal. Y aún así, encantados de haberse conocido.

No les llegó con desplazar a socios y patrocinadores históricos de sus localidades de siempre para invitar a “compromisos institucionales” cuyo atractivo de Riazor es el ambiente de cada partido (y el catering de entre tiempo): luces, cámara, acción! De futbol, mejor en otro momento. La identidad de esos nuevos invitados y su vinculación con el club también resultaba llamativa: invitaciones VIP sucesivamente reenviadas hasta dar con alguien que acude al futbol. Lo importante es ocupar el lugar del desplazado, para que este último tenga claro que Riazor ya no es su hogar. Caciquismo y cuñadismo a partes iguales.

Lo del Museo supera todas las líneas rojas. Un mensaje humillante: “Señores, esta es vuestra historia, como nosotros os la contamos. Si la queréis ver, pagáis como cualquier visitante. Así no venís, porque no me interesáis. Nosotros queremos recibir a los turistas del crucero de turno y, de paso, que se lleven un suvenir oficial. Así funcionamos. Y si os molesta, haberlo pensado antes”.

Por si fuera poco, tampoco se transmite un mensaje empresarial que, más allá de la historia, haga pensar que ese glorioso pasado –o algo parecido- llegue a repetirse algún día. De la ampliación de capital, ni mu. Del plan deportivo para esta y sucesivas temporadas, ídem. Comunicación de interés, cero. Propaganda de cartón, en cantidades industriales.

Digámoslo claro: lo que el banco propietario ofrece son fuegos de artificio. Con ovación cerrada de aplaudidores entusiasmados por verse en el foco. Pero en el fútbol, la paciencia tiene un límite. Y, en el caso de Riazor, ya ha quedado evidenciado.

Dice un viejo refrán: el que tenga hacienda, que la atienda. Y si no, que la venda.

Agárrense, que vienen curvas!

Fotografía . RC Deportivo

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