Malpica está de enhorabuena, o al menos eso dice el catálogo de grandes hitos del asfalto. El alcalde, Eduardo Parga Veiga, ya saca pecho con la aprobación de la obra magna de nuestra era: la nueva glorieta de la AC-418. Un «monumento» de más de 330.000 euros financiado por la Xunta de Galicia para que los coches den vueltas con elegancia frente al CEIP Milladoiro.
Sin embargo, si afinan la vista al fondo de la foto oficial —esa que el Concello guarda con tanto mimo— verán algo que no brilla tanto como el granito nuevo: el edificio de la piscina municipal. Ese lugar mítico que lleva cuatro años sin ver una gota de agua, convirtiéndose en el mejor museo de azulejos secos de toda la comarca de Bergantiños.
Resulta enternecedor ver cómo la Xunta suelta un tercio de millón de euros para dibujar un círculo en la carretera mientras la piscina municipal cumple su cuarta temporada como «monumento al desierto». En Malpica parece que el Alcalde Nescafé ha decidido que es mucho más urgente que los coches circulen en redondo a que los vecinos puedan darse un chapuzón.
Con 330.000 euros se podrían arreglar muchas deficiencias en Malpica, pero claro, una piscina arreglada no luce tanto en una inauguración con cinta y tijeras como una señora glorieta. Y las Parroquias del Concello abandonadas, no está el Acalde ni se le espera para arreglar lo que demandan los contribuyentes.
La aritmética del «caramelo»
Pero no se engañen, esto no es solo cuestión de asfalto; es pura alquimia política. Gobernar en minoría y sin el apoyo de Cañizo tiene su mérito, sobre todo cuando llega la hora de cuadrar las cuentas y los votos.
El guion de este teatro ya nos lo sabemos de memoria:
- El PP propone la rotonda para lucir palmito antes de las elecciones.
- El PSOE aplica su técnica favorita: la abstención silenciosa (ni sí, ni no, sino todo lo contrario).
- El edil del BNG, por su parte, parece que tiene la bolsa de caramelos siempre a mano. A cambio de un puñado de «dulces» políticos y alguna concesión de esas que quedan bien en el programa, el voto fluye y la rotonda se construye.
Al final, la jugada es maestra. Los vecinos de Malpica tendrán una glorieta magnífica desde la cual podrán admirar, con todo el tiempo del mundo mientras el Alcalde con su sueldazo Nescafé no le preocupa el deterioro imparable de la piscina cerrada.
Desde aquí proponemos un nombre más realista para la obra: «Rotonda del Consenso y el Azulejo Seco». Porque no hay nada más malpicán que gastarse 330.000 euros en una rotonda de oro y los vecins de las parroquias sin pluviales, ni arquetas, etc. están totalmente abandonados
¡A girar, vecinos, que nadar cansa mucho y las rotondas dan mucho juego!