El personal denuncia que el pasado viernes 13 las Urgencias volvieron a desbordarse, dejando a pacientes ancianos más de 12 horas esperando un ingreso en los pasillos del hospital.
Lo que para la gerencia del hospital y la Consellería de Sanidade es una anomalía puntual, para el personal del Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA) es el «pan de cada día». El pasado viernes, día 13, las Urgencias volvieron a desplomarse bajo el peso de la falta de previsión y recursos, dejando una estampa que se repite con demasiada frecuencia: pasillos bloqueados por camillas y salas de espera sin un hueco libre.
Más de 12 horas de espera: Una realidad inaceptable
El colectivo de celadores y celadoras denuncia que la situación alcanzó niveles críticos durante la tarde del viernes. El testimonio de los pacientes es la mejor prueba de la gestión deficitaria: personas de edad avanzada, vulnerables, obligadas a aguardar un ingreso en una unidad de hospitalización durante más de doce horas —desde las seis de la mañana—.
«En ningún caso esto puede admitirse como una asistencia sanitaria de calidad», sentencian desde el servicio, respondiendo así a los mensajes institucionales que, lejos de reconocer la crisis, insisten en pintar una realidad que no se corresponde con lo que viven los pacientes en los pasillos.
El hospital, un cuello de botella
Las fotografías hechas públicas por los trabajadores no dejan lugar a dudas: los pasillos han pasado de ser zonas de tránsito a convertirse en salas de espera improvisadas. Allí es donde se aguardan los resultados de analíticas y pruebas radiológicas, ante la imposibilidad de ofrecer un espacio digno y adaptado.
La precariedad llega a tal punto que el propio personal médico se ve obligado a hacer cola ante el estar de los celadores, esperando a que alguno quede libre para poder atender a otro paciente. Esta escena, lejos de ser anecdótica, refleja la falta crónica de medios materiales y humanos que el personal lleva denunciando meses:
- Falta de espacios adaptados: El diseño actual es insuficiente para la carga asistencial.
- Sobrecarga del personal: La plantilla de celadores es claramente insuficiente para cubrir las necesidades actuales.
- Degradación de la atención: La imposibilidad de ofrecer una asistencia ágil y humanizada.
Un grito de auxilio
Mientras la gerencia insiste en hablar de «calidad», el personal que trabaja «arreo» —sin descanso— en Urgencias reclama medidas urgentes. La saturación no es un problema de mala suerte, sino una consecuencia directa de las carencias estructurales que, viernes a viernes, convierten el HULA en un servicio desbordado donde la dignidad del paciente termina siendo la principal víctima.