El “milagro” de Elena Candia y la paz de los “cainitas”

En política, los milagros no siempre ocurren en las iglesias. A veces, basta con una moción de censura y una firma de una concejala tránsfuga, María Reigosa, para que las aguas se calmen y los cuchillos se guarden en los cajones. Lo que años de congresos, primarias y bofetadas por el control del aparato no lograron en el PSdeG de Lugo, lo ha conseguido el Partido Popular: que los socialistas lucenses, por fin, se miren a la cara sin intención de morderse.

Es casi fascinante observar este súbito brote de amor fraternal. Hasta hace nada, el socialismo en Lugo era un escenario de guerras cainitas, un «Juego de Tronos» a la gallega donde el poder interno se disputaba milímetro a milímetro. Pero ha sido ver el bastón de mando en peligro y, ¡oh, sorpresa!, el rencor ha dejado paso a la mística de la unidad.

No hay nada más cínico que un cónclave de antiguos enemigos unidos por el miedo a perder el poder. Esa misma «parroquia» que hoy se rasga las vestiduras por la moción de censura es la que ayer devoraba a los suyos, recordando el ostracismo al que condenaron a José Tomé cuando el escándalo del acoso a compañeras se hizo insostenible. Pero así funciona su particular catecismo: el error propio se absuelve como «debate interno», mientras que la herramienta constitucional del adversario se anatematiza como un atentado a la democraci

Mientras los socialistas locales se abrazan para resistir el envite de Elena Candia, se rasgan las vestiduras por el pacto con una edil no adscrita (transfuga) calificándolo de «atentado democrático», mientras en su altar particular siguen adorando a un Pedro Sánchez que hizo de la carambola parlamentaria y el pacto con cualquiera su método de supervivencia.

Parece que en la sede del PSOE local han olvidado que su líder máximo no llegó a la Moncloa en un carro de fuego celestial, sino mediante una moción que hoy, si la aplica el PP, les parece el fin del mundo. Es la eterna doble vara de medir: si lo hacemos nosotros, es higiene democrática; si nos lo hacen a nosotros, es una «mafia» organizada.

Esa elegancia que ahora tanto reclaman los voceros del gobierno local brilla por su ausencia en los insultos que dedican a quienes simplemente aplican las reglas del juego. Han pasado de la guerra interna a la trinchera externa sin pasar por la casilla de la autocrítica.La elegancia no se blasona, se aplica, igual que la ética, esta brilla por su ausencia manipulando su verdad sobre la memoria de los fallecidos. Incitar al odio manipulando sentimientos es prender una mecha que, suele terminar en tragedia, especialmente, porque los energúmenos no entienden de colores, banderas ni credos

¿Qué quedará de esta nueva unión socialista cuando pase la tormenta? Es difícil saberlo. De momento, Elena Candia ha conseguido lo que parecía imposible, que en el PSdeG de Lugo dejen de apuñalarse entre ellos para empezar a señalar, todos a una, al enemigo exterior.

Es la magia de la política: nada une tanto como el miedo a perder el manejo del dinero del contribuyente. Veremos si esta paz de conveniencia sobrevive al desembarco de Elena Candia o si, una vez fuera de la alcaldía, los «parroquianos» vuelven a sus viejas costumbres de sacarse los ojos entre sermón y sermón. Al fin y al cabo, esconder la cabeza funciona un rato, pero el cuerpo sigue estando a la intemperie

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