El debate de ayer sobre la Salud Pública en Andalucía ha dejado un sabor amargo, el de la oportunidad perdida. No fue una puesta en común de soluciones, sino un ejercicio de retórica para convencidos. Mientras los portavoces hablaban para sus propios «feligreses», la realidad de las listas de espera y la saturación en Atención Primaria en Andalucía quedaba fuera de la ecuación.
El ejemplo más crudo de la decadencia política lo vemos en los dos vídeos, uno del PP y otro del PSOE: una búsqueda desesperada de la sensibilidad fácil sin ofrecer ni una sola alternativa viable. No fue un debate, fue un simulacro para las redes sociales; un intercambio de mensajes de «X», antes (Twitter) en un momento en el que la Sanidad Pública en Andalucía se encuentra, verdaderamente, en peligro de muerte.
Ayer, los políticos no ofrecieron soluciones, solo ruido. Se limitaron a alimentar un algoritmo hambriento de conflicto, mientras los problemas estructurales del sistema siguen ahí, intactos. El contenido ha sido sustituido por el eslogan, y la seriedad por el «zasca» de consumo rápido.
La solución no llegará de las bancadas del Parlamento, sino de una ciudadanía que hoy parece anestesiada. Es preocupante ver a tantos convencidos de que los bulos propagados por voceros mediáticos son verdades absolutas. Se está construyendo una realidad paralela a base de titulares falsos y medias verdades.
Cuando la verdad finalmente se abra paso entre tanto ruido, ya será tarde. Cuando el ciudadano descubra que su sistema sanitario ha sido desmantelado mientras él discutía el bulo de turno, no habrá X ni vídeo de campaña que pueda devolvernos la salud pública que estamos perdiendo.
Andalucía no necesita que sus políticos se den la razón a sí mismos. Necesita un plan de choque que aborde la fuga de profesionales, el refuerzo de la salud mental y la reducción real de los tiempos de espera. Mientras el debate siga siendo una lucha de intereses y siglas, la Sanidad Pública de Andalucía seguirá desangrándose en el altar de la polarización.