CD Lugo: «De Burgos, pasando por Pamplona, viajando a los metros cuadrados de terreno en San Martín de Guillar»

@gonzalogsoto

Por el Anxo Carro ha tenido que pasar el Espíritu Santo o, en su defecto, una de esas carambolas de contorsionismo financiero que solo se entienden con una buena dosis de fe y mucha manga ancha. El tema del dinero ahoga la gestión, algunos proveedores sin cobrar, jugadores cobrando tarde, empledos igual y en el horizonte solo hay un salvador, aunque suene a chirigota, Tino Saques, que como el Ebro al pasar por el Pilar, guarda silencio.

Dice la sabiduría popular tras las murallas, que en el fútbol la verdad dura exactamente lo que tarda en abrirse el mercado de fichajes. Durante meses, en las tertulias donde el café se sirve cargado y el buenismo mediatico de la gestión de Ronald Baroni es el edulcorante que endulza la gestión del dueño del Club, se repetía una consigna como si fuera un dogma de fe: «Tranquilos, que Lizancos se fue al Burgos por 200.000 euros y nos guardamos un 20% de una futura venta». Redondo. Pulcro. De visionarios de la alta finanza.

Pero claro, después viene la hemeroteca, esa enemiga pública del trilerismo balompédico, viene a estropear el cuento. En las páginas del Diario de Burgos de aquel 15 de julio julio de 2025, no había poesía alguna: 120.000 euros a tocateja y el 100% de los derechos para los del Plantío. Ni un euro más, ni un porcentaje guardado en el cajón. Un saldo de fin de temporada en toda regla, de esos donde el sentimiento por la camiseta rojiblanca pesa bastante menos que la cartera vacía en el bolsillo posterior del pantalón.

Pero como el fútbol es caprichoso, resulta que Lizancos rompe a jugar en Segunda, al Osasuna de Ramis le entran las prisas y en Pamplona deciden aflojar 2,5 millones de euros (más la cesión de Íñigo Arguibide) por el lateral.

Y aquí es donde el milagro contable tendría que cobrar forma. Para que al CD Lugo le caigan 500.000 euros limpios del cielo navarro, habría que rescatar del cajón de las ilusiones ese supuesto 20%. Medio millón de euros directo a las arcas de una directiva a la que de gestión deportiva se le presupone «lo justito», pero que pretende arreglar el expediente a base de humo.

Frente a las preguntas de la prensa, la respuesta de «casa Lugo» siempre es la misma: «es confidencial, pero la operacion es muy parecida a lo que me dices». Claro que sí. Pero ya se sabe que en esta tierra el que calla, otorga; y al señor Baroni se le ha visto el plumero con la verdad mediática.

El sentimiento por unos colores se mama desde la cuna, no se improvisa en un despacho a golpe de talonario ni se inventa para manipular la información según sople el viento. A la sufrida afición lucense le queda el orgullo, gratis, faltaría más, de ver a un jugador que dio buenas tardes de futbol triunfar en Primera División… y el triste espectáculo de comprobar cómo, en el circo del fútbol moderno, las cuentas fantasma y los errores de cálculo terminan por retratar a quienes vinieron a dar un presunto pelotazo a la Ciudad de las Murallas.

Detrás de toda esta maraña se «esconden» los 200.000 metros cuadrados de terreno en San Martín de Guillar. El CD Lugo los adquirió por 350.000 euros, así consta en sus propias cuenta, pero hoy la valoración se ha disparado hasta los 1,47 millones de euros. La intención del Club es segregar la mitad de la finca para construir la ansiada ciudad deportiva… pero la gran incógnita vuela sobre los 100.000 metros restantes: ¿qué piensa hacer el dueño del Club con ellos? Todo dependerá, claro está, del lápiz que recalifique los suelos. ¿Sombra de pelotazo urbanístico a la vista?

La sombra del colapso ya no es una amenaza lejana, hace solo un año se mascaba la desaparición del primer equipo y hoy el mismo fantasma recorre las categorías inferiores, donde a los chavales de la cantera se les invita amablemente a «buscarse la vida». Tuvo que venir gente de fuera para descubrirnos, ¡quién lo diría!, que en los prados de San Martín de Guillar había petróleo. Y eso que la zona ya conoció el esplendor, y el posterior naufragio, de aquel extinto Barcel Euro de fútbol sala; esperemos, por el bien del Club, que la historia no se repita. Mientras tanto, el diagnóstico parece claro: descansen en paz las siglas del CD Lugo y den la bienvenida a «Promociones y Construcciones Baroni».

Es el momento en el que Ronald Baroni Ambrosio tiene que salir a dar la cara y contar la verdad, si, la verdad para disipar dudas porque entre «amigos» se pelotean. Milongas, a estas alturas de la «competición», no

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