Jesús Vázquez vive en un permanente estado de ansiedad epistolar contra el Gobierno del PP, olvidando la magia de la amnesia selectiva que practicaba en el pasado cuando el PSOE, Concello y Diputacion llenaban alforjas.
En Lugo tenemos y escribo tenemos, porque me considero un lucense de adopción, con familia en esa bendita ciudad, reitero, tenemos un fenómeno digno de estudio sociológico o, cuando menos, de una buena charla de bar con café y gotas, la Federación Vecinal Lucus Augusti. Decía la tradición que las asociaciones de vecinos nacían para pedirle al Ayuntamiento que arreglase aquel bache donde encallaban los coches o que la farola diese luz suficiente para saber qué se pisaba. Sin embargo, bajo la batuta de Jesús Vázquez, la Federación ha descubierto una vocación mucho más mística y trascendental, darle cera a Rubén Arroxo, alabar a José Tomé y ahora hacerle la oposición al gobierno del Partido Popular a base de comunicados de prensa en serie.
Para sobrevivir al desapego de la gente real, esa que comete el pecado de trabajar, pagar impuestos y no leer los boletines oficiales, la entidad le ha encontrado un uso maravilloso a los comunicados. Hay quien dice que la Federación ya no representa a los vecinos, sino a un gabinete de prensa con sede en el centro. Y es que resulta fascinante comprobar cómo la memoria colectiva funciona según quién tenga la llave de la Alcaldía. Cuando mandaba el PSOE, en el movimiento vecinal reinaba esa paz augusta que hace honor al nombre de la ciudad; ahora que gobierna el PP, no hay día en el que no se descubra una catástrofe de dimensiones bíblicas en cualquier esquina de Lugo.
Esta doble vara de medir, tan nuestra, tan de guardar la ropa mientras se mira hacia dónde sopla el viento de las subvevciones o favores personales, empieza a cansar a más de unos y unas cuantos ciudadanas en Lugo. Cada vez son más los lucenses que se preguntan si la Federación defiende a los barrios o si está haciendo la pretemporada para las próximas elecciones municipales, donde Miguel Fernández (PSOE), será el delantero centro. Porque cuando un colectivo pasa de ser la voz de la calle a convertirse en el altavoz de un partido político, la neutralidad no es que se pierda, es que se envía de vacaciones a A Mariña.
Muchos asociados cansados de ser aplaudidores o teloneros de esta comedia, ya empiezan a mover ficha entre bambalinas. Piden algo tan estrafalario como transparencia, independencia y un poco de decoro. Piden, en definitiva, que la Federación de Jesús Vázquez se ocupe de los problemas de quienes viven en Lugo, la limpieza, la seguridad, el mantenimiento y los servicios público, y deje de jugar a la alta política de moqueta subvencionada con dinero de todos los lucenses.
Lugo necesita un movimiento vecinal incisivo, sí, pero con criterio; que apriete al gobierno de turno, sea del color que sea, y que no necesite mirar el carné del alcalde o alcaldesa para decidir si un socavón es profundo o si es solo un espejismo partidista. Lo demás es papel mojado. Y de agua, por desgracia o por suerte, en Lugo ya vamos servidos.