Nace ‘JM’ en Doñana: cuatro patas, siete horas de curro y más utilidad pública que todo el Parlamento Andaluz

Mientras la clase política liquida el curso pasándose el bronceador y felicitándose por el deber cumplido, la España real, la que se quema en verano, exige algo más que discursos vacíos. En pleno agosto, con la sombra del fuego acechando la maleza, la Asociación «El Burrito Feliz» de Hinojos acaba de ampliar la plantilla con el nacimiento de ‘JM’. Un rucio recién venido al mundo que, a las pocas horas de ponerse en pie, ya acredita más tracción y empuje que la mitad de los portavoces parlamentarios juntos.

El nombre no es fruto de la casualidad ni del folclore. Llamar ‘JM’ a la criatura es un tributo directo, sobrio y sin rodeos a José María García Fernández, el militar de la UME que dejó la vida en acto de servicio combatiendo el fuego. Un reconocimiento de los que valen, hecho a pie de pasto por la gente que brega contra las llamas, a mil leguas de las coronas de flores encargadas por la burocracia estatal para saldar el expediente del luto oficial.

Desde 2014, este batallón de desbrozadoras con orejas grandes ha demostrado que no hacen falta comisiones de expertos ni partidas presupuestarias desorbitadas para proteger el mapa de Doñana. Casi veinte asnos en jornadas de siete horas limpiando monte, haciendo de cortafuegos móviles y marcando el camino a media España. Es para hacérselo mirar: tiene que venir un puñado de pollinos a solucionar a mordisco limpio lo que el entramado institucional no arregla ni con mil planes estratégicos de prevención.

Ahí queda la estampa estival: un burrito recién nacido haciendo honor a un soldado de la UME mientras los despachos de la administración sestean a la sombra del aire acondicionado. En este país, al final, la verdadera utilidad pública se demuestra pastando el barro y no vendiendo humo en la tribuna.

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Proyecto «Burritos Limpiacostas».


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