La estrategia contraterrorista de Trump es un éxito. Por James Nava

Una de las grandes victorias del presidente Trump durante este año 2026 se centra en el cumplimiento de la estrategia contraterrorista, cuyo informe de 16 páginas, coordinado por el asesor de seguridad de la Casa Blanca Sebastian Gorka y firmada por Trump el pasado 6 de mayo, extendió la definición habitual de terrorismo y priorizó tres objetivos para acabar con las principales amenazas a la seguridad nacional: eliminar las redes de cárteles; atacar a organizaciones terroristas extranjeras; y combatir a grupos extremistas de ultraizquierda nacionales como Antifa.

Esta estrategia contraterrorista ha supuesto un cambio de doctrina muy importante en comparación con las directrices tradicionales surgidas tras los ataques del 11 de septiembre. Ahora, la Administración Trump se ha enfocado en luchar contra estas amenazas prioritarias, que quedan como sigue:

Narcoterrorismo y bandas criminales transnacionales: Se convierten en la máxima prioridad para el gobierno estadounidense, centrado en destruir las redes operativas de los cárteles de la droga en el hemisferio occidental. En estos meses se han conseguido éxitos importantes, entre ellos, el fin del Cártel de los Soles y el narcorégimen de Nicolás Maduro, que aparecía en el informe como un eje de preocupación geoestratégica, vinculado directamente con operaciones de narcoterrorismo en alianza con Irán y células de Hezbollah. También se está persiguiendo, desmantelando y destruyendo el Cártel de Jalisco Nueva Generación, para cuyos miembros se ofrecen recompensas que suman más de 100 millones de dólares por información que conduzca al arresto y/o condena de sus líderes y asociados. Además, se están imponiendo restricciones de visado a 65 individuos y revocando 26 visados de familiares y personas vinculadas a este cártel.

Terrorismo islamista tradicional: Se mantiene como el segundo pilar operativo, pero enfocado únicamente en los cinco grupos con capacidad demostrada para perpetrar ataques contra territorio estadounidense, incluyendo a Al Qaeda, Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), el Estado Islámico (ISIS), ISIS-Khorasan (ISIS-K) y la Hermandad Musulmana,

Este apartado se ha visto ampliado con la guerra en Irán y, en concreto, con la Guardia Revolucionaria y los grupos que financia y entrena.

Los éxitos y acciones operativas más importantes en este último año y medio han sido los siguientes: contra el Estado Islámico (ISIS) y el desmantelamiento de sus redes:

Operación Hawkeye Strike en Siria: Tras una emboscada yihadista que costó la vida a militares estadounidenses, la Administración Trump ordenó una masiva campaña de represalia aérea y terrestre a principios de 2026. Entre enero y febrero de este año, helicópteros AH-64 Apache, drones MQ-9 Reaper y aviones de combate ejecutaron decenas de ataques de precisión que destruyeron más de 30 instalaciones críticas, centros logísticos y nodos de comunicación de ISIS. Más de 50 terroristas de ISIS resultaron muertos o capturados.

Eliminación de líderes globales: en mayo de 2026, las fuerzas estadounidenses, en una compleja operación conjunta con el gobierno de Nigeria, lograron la neutralización de Abu-Bilal al-Minuki, identificado como el segundo al mando a nivel global de ISIS.

Vaciado de prisiones sirias y transferencia masiva: en un movimiento estratégico clave coordinado con el nuevo gobierno sirio de Ahmad al-Sharaa y el gobierno de Bagdad, se completó con éxito la transferencia de más de 5.700 detenidos varones adultos de ISIS, en febrero de 2026, desde cárceles en territorio sirio hacia la custodia oficial de Irak para que enfrenten juicios, neutralizando el riesgo latente de fugas masivas en zonas inestables.

ISIS-Khorasan (ISIS-K): se ha producido la contención del brazo más agresivo: Reconocido por la comunidad de inteligencia como la filial con mayor ambición para golpear a Occidente, las agencias de inteligencia estadounidenses aumentaron exponencialmente la presión sobre ISIS-K, bloqueando la llegada de fondos a través de operaciones financieras y desarticulando células de apoyo logístico en suelo norteamericano (como el arresto de facilitadores financieros vinculados al grupo en Nueva York).

Se hizo una focalización estratégica se apartó a EE. UU. de los esfuerzos de «construcción nacional» (nation-building) en Afganistán y Asia Central, centrando el 100% de los recursos militares de la zona en misiones puramente antiterroristas, intercambio de inteligencia y vigilancia activa para atajar cualquier complot externo antes de que toque suelo estadounidense.

Al Qaeda Central y AQAP (Al Qaeda en la Península Arábiga): una campaña encubierta en Yemen contra AQAP: Tras la directiva dictada en los primeros días del segundo mandato de Trump, que devolvió las reglas de combate y la autoridad de ataque a los comandantes de combate en el terreno (restando burocracia de la Casa Blanca), las fuerzas especiales reactivaron ataques selectivos con drones a lo largo de 2025 y 2026 contra objetivos de AQAP en Yemen para degradar con éxito sus estructuras operativas tradicionales. 

Eliminación de mandos en Siria: en enero de 2026, ataques de precisión en el noroeste de Siria neutralizaron a Bilal Hasan al-Jasim, un alto líder afiliado a Al Qaeda implicado en la planificación de ataques contra efectivos estadounidenses. 

Hermandad Musulmana (Designación FTO): se procedió a cortar la raíz ideológica: la administración ejecutó el paso histórico de designar formalmente a la Hermandad Musulmana como Organización Terrorista Extranjera (FTO). La justificación señala a la organización matriz y dinamizadora ideológica que sirvió de combustible tanto para el surgimiento de Al Qaeda como de ISIS, permitiendo al sistema financiero estadounidense bloquear de forma integral cualquier activo o red de recaudación vinculada a este ecosistema islamista. Una victoria estratégica muy importante.

Todo ello sintetiza el cambio estratégico producido, de un modelo de «Guerra contra el Terror» al modelo «Paz a través de la Fuerza» que defiende Trump. Se resume en una menor huella de tropas sobre el terreno y mayor letalidad: El gran éxito doctrinal del último año y medio ha sido la reducción de grandes despliegues terrestres en África y Medio Oriente para evitar el desgaste de las «guerras eternas». En su lugar, el Pentágono ha implementado un esquema quirúrgico basado en la superioridad aérea, el uso intensivo de drones de ataque, la inteligencia en tiempo real, el uso de IA avanzada y la cooperación con socios locales bajo la premisa explícita de Trump: «Si planeas dañar a los estadounidenses, te encontraremos y te eliminaremos”. 

Extremistas nacionales violentos de izquierda o «Terrorismo Radical de Izquierda» y Extremismo Violento Nacional (DVE): El informe crea de manera formal una nueva categoría de amenaza que incluye a grupos anarquistas, Antifa y agrupaciones descritas políticamente como «radicales protransgénero» o contrarias a los valores tradicionales de la nación. 

Bajo la dirección del Departamento de Justicia (DOJ), liderado por la Fiscalía General, y el Director del FBI, Kash Patel, las operaciones más destacadas contra redes anarquistas, células de Antifa y colectivos radicales contrarios a los valores tradicionales han incluido las siguientes: 

Condenas históricas contra la célula Antifa del norte de Texas: el caso de las instalaciones de ICE en Prairieland: En el mayor golpe judicial contra el movimiento, en junio de 2026, ocho miembros de una célula de Antifa vinculada al tiroteo del 4 de julio de 2025 en un centro de detención migratoria en Alvarado, Texas, fueron condenados de manera conjunta a 450 años de prisión federal. La primera aplicación de cargos por terrorismo: El líder de la célula, un ex reservista del Cuerpo de Marines condenado por intento de asesinato de un oficial federal, recibió una pena individual de 100 años de cárcel. El FBI calificó el proceso como un hito al ser la primera vez que se imputaron con éxito cargos de apoyo material al terrorismo contra miembros asociados a Antifa. 

Desarticulación de conspiraciones anarquistas contra el control migratorio: acusaciones masivas en Minneapolis: en junio de 2026, el Departamento de Justicia acusó formalmente a 15 operativos vinculados a Antifa en Minnesota. La red criminal fue imputada por conspiración violenta para obstruir operaciones federales de deportación y atacar infraestructuras del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). 

Despliegue de Fuerzas de Tarea en Portland: Tras los disturbios asociados a grupos de extrema izquierda, el gobierno federal desplegó equipos de fiscales de contraterrorismo y activó unidades especiales del FBI bajo el centro de misión NSPM-7 para intervenir de manera preventiva en conspiraciones callejeras de corte anarquista.

Persecución financiera de organizaciones ideológicas y radicales: bloqueo a ONGs y redes de financiación: A través del Departamento del Tesoro, la Administración lanzó una campaña para auditar e identificar a organizaciones sin fines de lucro que presuntamente actúan como fachadas legítimas para canalizar fondos hacia grupos radicales de izquierda. El foco se centró en congelar activos vinculados al extremismo basado en cuestiones de género o agendas que atacan los principios familiares e institucionales de la nación.

Alianzas internacionales (La «Cumbre Antifa»): En julio de 2026, el Secretario de Estado, Marco Rubio, organizó la Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político en Washington. Este foro coordinó a más de 65 países para rastrear las redes transnacionales y canales cifrados que facciones anarquistas y de extrema izquierda utilizan para mover fondos e información táctica a nivel global. 

Directivas de la Fiscalía General para redefinir el extremismo nacional: revisión de archivos y tipificación estricta: En diciembre de 2025, la Fiscal General Pam Bondi emitió una directiva interna de cumplimiento obligatorio. Esta orden dispuso una revisión de cinco años de los archivos federales relacionados con actividades de Antifa. El nuevo criterio define de forma punitiva los actos de sabotaje cometidos por activistas con posturas «anticristianas, anticapitalistas o contrarias a las visiones tradicionales sobre la moral y la familia», permitiendo que fiscales de crimen organizado los traten formalmente como amenazas a la seguridad nacional.

Además, el FBI ha detenido 715 ataques terroristas planeados dentro de Estados Unidos en 2025. Sólo en diciembre, cuatro ataques potenciales fueron frustrados en apenas 30 días. Los individuos implicados buscaban atacar lugares de culto, escuelas, negocios y a estadounidenses dondequiera que pudieran. El objetivo de detener estos ataques antes de que se conviertan en eventos con múltiples víctimas se logró en todos los casos. 

El documento es un manual de aplicación que está cosechando éxitos destacados. La revisión de algunos apartados nos permite establecer cómo la Administración Trump se ha ceñido a la estrategia con resultados tremendamente positivos. Por ejemplo, con la doctrina «Paz a través de la Fuerza» en el Hemisferio Occidental: esta estrategia se orienta en primer lugar hacia el hemisferio americano (un enfoque conocido como  «Corolario Trump» a la Doctrina Monroe o, simplemente, Donroe) Establece que EE. UU. buscará la cooperación de otros gobiernos de la región para desmantelar cárteles, pero advierte tajantemente que actuará de manera unilateral y con fuerza militar interna o transfronteriza si los gobiernos implicados no colaboran activamente. La clasificación del fentanilo como Arma de Destrucción Masiva (WMD): para tender un puente legal y operativo entre las políticas de seguridad nacional y la lucha contra el narcotráfico, el informe clasificó formalmente al fentanilo y sus químicos precursores como WMD. Esto otorga capacidades militares y de inteligencia mucho más agresivas para combatir su tráfico masivo, algo que ha reportado resultados positivos. Designaciones FTO para asfixiar las finanzas: se ha ordenado utilizar de forma exhaustiva las designaciones de Organización Terrorista Extranjera (FTO) para estrangular el músculo financiero, logístico y comercial de las mafias criminales y grupos radicales, permitiendo aplicar sanciones económicas severas y ampliando los criterios de persecución judicial en territorio norteamericano. La estrategia ha puesto bajo el foco las políticas de los aliados europeos, que se han convertido en un «incubador de terrorismo» debido a la gestión de la inmigración irregular masiva durante los últimos años. Además de un riesgo potencial a su soberanía. Algo de lo que tenemos una muestra reciente con la invasión de más de 80.000 inmigrantes en Ceuta (España). La reducción de operaciones internacionales periféricas: en línea con la filosofía geopolítica de America First de Trump, la estrategia aboga por un desplazamiento de la responsabilidad (burden-shifting) hacia socios de Europa y África para que asuman el liderazgo en sus regiones, facilitando así la retirada de tropas estadounidenses de compromisos de ultramar considerados sobreextendidos. Esto lo vemos claramente con los cambios impulsados en la OTAN y la exigencia de Trump para que los aliados eleven el gasto militar al 5%.

El presidente Trump ha acertado al utilizar la infraestructura de seguridad nacional y todos los recursos defensivos y de inteligencia como una herramienta para combatir las amenazas exteriores e interiores bajo un programa de objetivos a alcanzar en plazos de tiempo razonables y con resultados óptimos. 

En conclusión, su estrategia contraterrorista es un éxito absoluto se mire como se mire. 

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