El desfile de políticos buscando su porción de protagonismo en redes sociales con motivo del eclipse ha dejado estampas verdaderamente surrealistas, pero pocas tan condescendientes como la protagonizada por el ministro Félix Bolaños.
Con la lección bien aprendida desde hace días por parte del Ejecutivo, el ministro eligió un escenario tan simbólico como la ONCE para escenificar, gafas en ristre, qué puede suceder si miramos al sol sin protección. Una puesta en escena milimetrada para capturar el like definitivo y acaparar titulares a costa de un fenómeno astronómico.
El problema no es que el Gobierno emita avisos de seguridad, competencia lógica de cualquier administración, sino el tono y la intencionalidad. Los españoles seremos todo lo que quieran, pero no párvulos. Ver a un ministro enfundado en su papel de maestro de escuela, gesticulando y explicando conceptos de sentido común que conoce cualquier niño de primaria, roza la tomadura de pelo. Parece que Bolaños confunde el Consejo de Ministros con una clase de preescolar donde él ejerce de profesor principal.
Oportunismo de manual
Si en el cuerpo a cuerpo parlamentario frente al Partido Popular el ministro suele presumir de agilidad dialéctica e ingenio, con esta soflamera del eclipse ha patinado de lleno hacia el oportunismo mediático más puro.
Cuando la política se reduce a un constante ejercicio de postureo en redes para demostrar que «el Gobierno está en todo», el resultado acaba resultando patético. Los ciudadanos no necesitan que un ministro les quite la venda de los ojos, ni que se las ponga para la foto, sino que gestione con rigor los problemas reales del país, en lugar de tratar a la ciudadanía como alumnos de parvulitos a los que hay que aleccionar cada vez que pasa una sombra por el cielo.