13, Rue de Riazor, el TBO de Benassi

Hay pasiones que no se compran en un despacho ni se diseñan en una sala de juntas. Cuando un Club lleva décadas alimentado por las raíces que plantaron tatarabuelos, bisabuelos abuelos, padres, hijos la identidad no pertenece a quien ostente el cargo hoy, sino a quienes han sostenido el escudo y colores en las buenas y en las malas.

El problema surge cuando la distancia con la grada se enquista cada vez más cuando intentan moldearla a la medida de su negocio. Es la paradoja perfecta del fútbol moderno, personas ajenas al fútbol intentando dar lecciones de pertenencia a quienes llevan el Club grabado en el corazón desde que nacieron. No hace falta retorcer los hechos, la distancia entre lo que los gestores comunican y lo que la grada de Marratón vive en el estadio de Riazor, es la distancia exacta que separa la gestión responsable del puro teatro.

La ficción supera en muchos casos a la realidad. Hoy es sábado y ya pensamos en el lunes, porque lo único que importa es el sentimiento blanquiazul y la victoria del RC Deportiv en Málaga. Este barro no lo ha provocado el deportivismo, sino quienes están al frente del día a día del club, a los que la responsabilidad les viene muy grande

Son las ocho de la mañana en 13, Rue de Riazor.

En cualquier edificio normal, a esta hora alguien baja a comprar el pan, otro pasea al perro y algún jubilado vigila desde la ventana para comprobar quién aparca mal.

Aquí no.

Aquí llevamos tres semanas celebrando una junta de propietarios.

Y tiene pinta de que acabará interviniendo la ONU.

En el ático suena el teléfono.

—¿Sí?

—¿Massimo Benassi?

—Sí.

—Soy el conserje.

Silencio.

—¿Qué conserje?

—Marathón Inferior.

—Ah.

Otro silencio.

—¿Y qué quiere?

—Entrar en mi casa.

—DNI.

—Pero si soy el conserje.

—Precisamente.

—Llevo aquí toda la vida.

—Por eso mismo. Resulta sospechoso.

—¿Sospechoso de qué?

—Ya veremos.

—¿Y mientras tanto?

—Normativa.

—¿Qué normativa?

—La nueva.

—¿Y quién la hizo?

—Nosotros.

—¿Y por qué?

—Por seguridad.

—¿Seguridad de quién?

—Nuestra.

—Massimo…

—¿Sí?

—Vete a tomar por el orto.

—Anotamos la incidencia.

Así comienza otro maravilloso día en 13, Rue de Riazor.

En el segundo piso vive Fernando Soriano.

Está desayunando tranquilamente cuando llaman a la puerta.

PUM, PUM, PUM.

—¿Quién coño es?

—Antonio Hidalgo.

—¿Qué quieres?

—Un delantero.

—Estoy en ello.

—Y un lateral.

—También.

—Y que vuelva a animar Riazor.

Soriano deja la tostada sobre el plato.

—Antonio, soy director de fútbol, no mediador de Naciones Unidas.

—Pues date prisa porque ahí abajo están otra vez.

Desde la calle se escucha:

—¡¡¡MARATHÓN!!!

Hidalgo se asoma.

Miles de camisetas naranjas.

Cierra la ventana.

—Fernando.

—¿Qué?

—¿Tenemos un plan?

—Sí.

—¿Cuál?

—Esperar a que esto se arregle.

—Eso no es un plan.

—Pues entonces no tenemos un plan.

Arriba, mientras tanto, Benassi redacta otro comunicado.

Tiene una impresora industrial.

La compraron en julio.

Costó una fortuna, pero ya está amortizada.

COMUNICADO NÚMERO 847.

“Ante las informaciones aparecidas…”

La impresora empieza a echar humo.

—Massimo —dice alguien—, creo que se está quemando.

—¿La impresora?

—Sí.

—Saca otro comunicado.

—¿Sobre qué?

— Oye, ¿quién es el responsable de redactar tus comunicados?

— El director de Comunicación.

— ¿Y cómo se llama?

— HP Laserjet.

—Pero está ardiendo.

—Eso es una interpretación.

—Hay llamas.

—Descontextualizadas.

—Massimo, está entrando humo en el despacho.

—El club rechaza categóricamente que exista humo.

En ese momento aparece Fernando Soriano.

—Massimo.

—¿Qué?

—Tenemos que hablar con la gente.

—Ya hablamos.

—¿Cuándo?

—En el comunicado.

—Eso no es hablar.

—Tiene verbos.

—Joder.

En el tercero está Antonio Hidalgo preparando el entrenamiento.

—Chavales, hoy trabajaremos salida de balón, presión tras pérdida y…

Entra alguien corriendo.

—Míster, tenemos un problema.

Hidalgo palidece.

—¿Lesión?

—No.

—¿El delantero?

—No.

—¿El lateral?

—Tampoco.

—¿Entonces?

—Un periodista quiere hacer una pregunta.

Silencio absoluto.

Un futbolista deja caer una botella.

CLONC.

Hidalgo traga saliva.

—¿Qué clase de pregunta?

—Sobre Marathón Inferior.

—¡HOSTIA!

Sirenas.

Luces rojas.

ALARMA GENERAL.

Por megafonía:

—ATENCIÓN. PREGUNTA INCÓMODA EN EL EDIFICIO. REPITO. PREGUNTA INCÓMODA EN EL EDIFICIO.

Aparece Ximo Navarro.

—¿Qué pasa?

—Nada, Ximo. Tranquilo.

—Me toca rueda de prensa.

—Sí.

—Pues vamos.

—Una cosa.

—¿Qué?

—Si preguntan por Marathón…

—¿Qué hago?

—Tú respira.

—¿Y contesto?

—No procede.

—¿El qué?

—La pregunta.

—Pero todavía no la han hecho.

—Por eso. Estamos mejorando muchísimo en prevención. El Director de Comunicación es un poquito Torquemada y ya hizo su trabajo.

Comienza la rueda de prensa.

—Ximo, ¿cómo afrontáis el próximo partido?

—Con muchas ganas.

—¿Cómo está el vestuario?

—Muy unido.

—¿Qué tal físicamente?

—Muy bien.

—¿Qué opinan los jugadores del conflicto con Marathón Inferior?

De repente una mano aparece desde fuera de plano.

—¡¡¡NO PROCEDE!!!

El periodista mira alrededor.

—¿Perdón?

—No procede.

—Solo estoy preguntando.

—Precisamente.

—¿Y por qué no procede?

—Tampoco procede.

—¿Puedo preguntar por qué no procede preguntar?

—Esa pregunta procede menos todavía.

—¿Qué puedo preguntar?

—Fútbol.

—¿Y el ambiente de Riazor afecta al fútbol?

Silencio.

—Nos has pillado.

Corte publicitario.

Mientras tanto, en la planta baja están reunidas la Federación de Peñas, Riazor Blues y Old Faces.

El conserje, Marathón Inferior, fuma apoyado contra la puerta.

—¿Qué hacemos?

—Protestar.

—Ya protestamos.

—Pues protestamos más.

—¿De naranja?

—De naranja.

—¿Por qué naranja?

—Porque de negro parece un entierro.

Marathón mira hacia arriba.

—Tiempo al tiempo.

Desde el quinto cae un papel.

Marathón lo recoge.

—¿Qué coño es esto?

—Otro comunicado.

—¿Qué dice?

—Que nos quieren mucho.

—Qué bonito.

—Pero con condiciones.

—Ah.

—Y DNI.

—Claro.

—Y determinadas obligaciones.

—Naturalmente.

—Pero nos quieren muchísimo.

Marathón se emociona.

—Joder. Voy a llorar.

—¿De emoción?

—No. Me ha entrado el comunicado en el ojo.

Entonces llega corriendo un vecino.

—¡Buenas noticias!

—¿Cuáles?

—Han rectificado una de las medidas.

Todos se miran.

—¿HAN RECTIFICADO?

—Bueno…

—¿Qué?

—Oficialmente no es exactamente una rectificación.

—¿Entonces?

—Han cambiado lo que habían decidido.

—Eso es rectificar.

—No.

—¿Cómo que no?

—Es adaptar.

—¿Adaptar qué?

—Lo rectificado.

—Entonces han rectificado.

—Que no.

—¿Y qué coño han hecho?

—Una modificación de algo que estaba perfectamente bien pero que ahora estará todavía más perfectamente bien siendo diferente.

Silencio.

Uno de Old Faces levanta la mano.

—Yo tengo una pregunta.

Todos gritan:

—¡¡¡NO PROCEDE!!!

Carcajadas.

De repente llaman al telefonillo.

Riiiiing.

—¿Quién es?

—Gonzalo Castro, del Concello.

—¿Qué quiere?

—Subir.

—¿Para qué?

—Para decir que sobra prepotencia.

— Se va a enfadar la alcaldesa, Inés Rey, que ahora se ha erigido en la gran adalid del deportivismo.

— Bueno, yo soy deportivista de toda la vida.

— Pues para ser una alcaldesa «de Primera», a la hora de mojarse por la afición se ha quedado repentinamente muda.

— Reitero: yo soy deportivista de verdad y estoy donde tengo que estar, con mi gente, que son los deportivistas.

— ¿Y hay algún concejal que no lo sea?

— Habría que preguntárselo a ellos. A más de uno debió de aparevérsele el Señor camino de la sierra y, como a San Pablo, se cayó del tractor y se convirtió de culé a deportivista.

Desde arriba gritan:

—¡NO CABE NADIE MÁS!

—Pues bajo yo.

Gonzalo entra en la portería.

—Buenas.

—Buenas.

—¿Aquí es lo del Deportivo?

Marathón señala el techo.

—Sí. El ático es la dirección. Segundo, dirección deportiva. Tercero, entrenador y plantilla. Nosotros vivimos aquí abajo.

—¿Y la afición?

—Por todas partes.

—¿Y quién manda?

Marathón se encoge de hombros.

—Esa es la pregunta del millón.

—¿Y quién escucha?

—Esa vale dos millones.

En ese momento baja Benassi por las escaleras.

—Señores, tranquilidad.

Todos se giran.

—¡MASSIMO!

—Podemos solucionarlo hablando.

Marathón abre los brazos.

—¡COJONUDO! ¡ESO LLEVAMOS DICIENDO DESDE EL PRINCIPIO!

—Perfecto.

—Siéntate.

—Sí.

—Hablemos.

—Por supuesto.

—¿Por qué nos tratáis de manera diferente?

Benassi mira el reloj.

—Bueno, señores, ha sido una reunión muy productiva.

—¡PERO SI ACABAS DE LLEGAR!

—Tenemos que seguir trabajando.

—¡SI TODAVÍA NO TE HAS SENTADO!

—Hay voluntad de diálogo.

—¡MASSIMO!

—Buenas tardes.

—¡SON LAS NUEVE DE LA MAÑANA!

Portazo.

Marathón mira a los demás.

—Ha ido bien.

—Muchísimo.

—Estamos más cerca.

—¿De un acuerdo?

—No. De matarnos.

Arriba vuelve a sonar la impresora.

BRRRRRRRRRRR.

Otro comunicado.

Fernando Soriano sale al rellano.

—¡Massimo! ¡Para ya con los comunicados!

—¡Hay que explicar nuestra posición!

—¡La posición ya la conocemos todos!

—¿Cuál?

—¡VOSOTROS ARRIBA Y EL INCENDIO ABAJO!

Antonio Hidalgo abre su puerta.

—¿Podéis dejar de gritar? ¡Estoy preparando un partido!

Marathón responde desde la portería:

—¡PUES PREPÁRALO BIEN, QUE ESTE AÑO ESTAMOS EN PRIMERA!

Hidalgo asoma la cabeza.

—¡ESO INTENTO!

—¡PUES NECESITARÁS QUE ANIMEMOS!

—¡YA LO SÉ!

Benassi grita:

—¡NO MEZCLEMOS LAS COSAS!

Hidalgo:

—¡PERO SI JUGAMOS TODOS EN EL MISMO PUTO ESTADIO!

Silencio.

Soriano mira a Hidalgo.

Marathón mira a Soriano.

Benassi mira a Marathón.

Todos parecen descubrir durante cinco segundos una verdad revolucionaria:

juegan todos en el mismo puto estadio.

Hasta que alguien vuelve a llamar.

Riiiiing.

—¿Quién es?

—Un periodista.

Todo el edificio:

—¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO!!!

—Solo quería preguntar si se ha solucionado el conflicto.

Benassi:

—No procede.

Marathón:

—¡SÍ PROCEDE!

Benassi:

—¡NO!

Marathón:

—¡SÍ!

—¡NO!

—¡SÍ!

—¡NO!

Fernando Soriano:

—¿PODÉIS CALLAROS TODOS?

Antonio Hidalgo:

—¡GRACIAS!

Ximo Navarro:

—¿Entonces puedo contestar ya?

Todos:

—¡¡¡TÚ NO TE METAS!!!

Y ahí está ahora mismo el Deportivo.

Recién ascendido a Primera y convertido en una comunidad de propietarios donde nadie sabe exactamente quién tiene la llave del cuarto de contadores.

Lo maravilloso es que sobrevivimos ocho años fuera de Primera.

Ocho.

Nos comimos descensos, ascensos fallidos, Primera Federación, domingos para borrar del calendario y partidos que parecían castigos administrativos.

Y la casa aguantó.

Porque el conserje seguía allí.

Marathón seguía allí.

Los vecinos seguían allí.

La afición seguía allí.

Ahora hemos reformado el edificio.

Primera División.

Fachada nueva.

Todo precioso.

Y nuestra primera gran idea ha sido pelearnos con el conserje.

De puta madre.

Ni Berlanga.

La escena final me la imagino dentro de unos meses.

Tres de la madrugada.

PUM.

Revienta una tubería.

El agua empieza a bajar desde el ático.

Benassi sale en pijama.

—¡FERNANDO!

Soriano abre.

—¿Qué coño pasa?

—¡NOS INUNDAMOS!

Sale Hidalgo.

—¡MIS PIZARRAS!

Ximo aparece detrás.

—¿Llamamos al conserje?

Todos se quedan quietos.

Miran hacia abajo.

La portería está cerrada.

Bajan corriendo.

Benassi golpea la puerta.

—¡MARATHÓN!

Nada.

—¡MARATHÓN, ABRE!

Nada.

—¡QUE NOS ESTAMOS AHOGANDO!

Finalmente aparece Marathón Inferior.

En calzoncillos.

Con una camiseta naranja.

—¿Qué coño queréis?

—¡HA REVENTADO UNA TUBERÍA!

—¿Y?

—¡NECESITAMOS LA LLAVE DE PASO!

Marathón bosteza.

—DNI.

—¿QUÉ?

—Identificación.

—¡SOY MASSIMO BENASSI!

—Eso dice usted.

—¡VIVO AQUÍ!

—Precisamente.

—¡LLEVO LA CASA!

—Eso estamos intentando averiguar.

—¡QUE EL AGUA NOS LLEGA A LOS HUEVOS!

Marathón se rasca la cabeza.

—Seguridad.

—¡MARATHÓN, POR DIOS!

—Normativa.

—¡ABRE LA PUTA PUERTA!

Marathón sonríe.

—Massimo…

—¿QUÉ?

—Esa petición…

Pausa.

—No procede.

Y cierra la puerta.

Bienvenidos a Primera.

Bienvenidos al Deportivo.

Bienvenidos a 13, Rue de Riazor.

Aquí todos somos vecinos.

Pero al conserje, por si acaso, que lo cacheen.

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