La cocina confusión

Viajar y viajar y volver a ganar, que añadiría un hostelero en boca de Luis Aragonés, me sugiere reflexionar sobre la cocina confusión a la española. O sea, un follón de narices porque el olfato también juega su papel.

De la cocina Nikkei, que va desde Japón a Perú, me brotan dudas ante la COCINA CONFUSIÓN española: de la Nikkei a la NoséKEHAY. La fusión es el trámite que une conceptos o elementos para crear otra entidad. En cocina es una mezcla de estilos culinarios de diferentes culturas. Veamos unos ejemplos de lo que se puede fusionar y lo que se debe o no se puede mezclar.

Nuestra cocina fusión es insinuante, como casi todo. Alguien dijo, ¿echamos un polbo? No piense ni mal ni bien, pulpo en gallego se escribe con B. Y el personaje de ocho recursos muy útiles para el sobeteo, el pulpo, se puso en escena como uno de los buques insignia de nuestra gastronomía. Fusionamos el pulpo gallego con el pimentón de la Vera y el nombre de los arrieros maragatos que lo transportaban a las ferias de la meseta.

En Galicia desembarcaron los primeros alevines de las anguilas. Dicen que venían del, todavía, golfo de México. Cruzaron de manera ascendente el Atlántico hasta tomar posiciones en las costas gallegas, asturianas, cántabras, vascas… Y luego emigraron hacia Japón, eso sí, pagadas, en toneladas…Pero esa es otra historia.

Luego, ante otro fenómeno tan nuestro como la tortilla española, recuerdo aquella pintura de Vincent van Gogh titulada Los comedores de patatas. Pero todo se quedó ahí porque no le echaron huevos. Ni cebolla. Y mira que hemos tenido trato con holandeses…

Después se intentó con el arroz, pero no con tanta artesanía como los orientales. Nada de tamaños ideales para aparcarlos entre la lengua y la bóveda palatina. Por aquí al arroz se le echaban cosas, y se cocinaba más o menos seco o caldoso, hasta llegar al llamado arroz en paella, un recipiente que casi es una chapa con asas que inspira muchas emociones.

Pero lo cierto, y no nos distraigamos, es que los japoneses consiguieron las angulas, que nos llegaban de la mano de esa corriente atlántica, para coger kilitos en las costas niponas, ya en aguas dulces, hasta convertirse en anguilas y así hacer el Unadon, un popular plato de la cocina oriental, un trozo de anguila (ya angula gordota, sobre arroz templado). Una delicia culinaria que nos privó hace años de aquellas angulas, que tanto nos gustaban pero que solo sabían a ajo y guindilla. Al dejarnos Japón sin los alevines de las anguilas, a nuestros bolsillos de clase media solo nos queda la opción de comer un sucedáneo, angulas sin ojos… ¡Para lo que hay que ver! Pero, eso sí, ni el ajo ni la guindilla han dejado de cotizar en la cocina de confusión española.

Pues eso,

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