Jesús Antonio Rodríguez Morilla
ANTECEDENTES.
Hará unos tres años escribíamos de forma eufemística en este Medio sobre el afamado: Túnel del Estrecho, el cual, ya impregnaba folios desde los tiempos de Primo de Rivera (no se trata de una exageración), y probablemente signifique que Marruecos se ha encontrado siempre y en diversas formas en más de una Agenda de nuestros Gobiernos.
Un proyecto el actual controvertido, faraónico, oscuro en presupuestos, sometido a distintos estudios, y conceptos más políticos que de realidades técnico-constructivas, aunque últimamente auspiciado con mayor énfasis consecuencia de los avances tecnológicos junto también a las “angustias políticas”.
Un servidor, ya retirado, carece de relación con los protagonistas, ni actuales ni anteriores, pero sí le salieron los dientes profesionales en el contexto de una de las Constructoras mayores de Europa, y recuerda conclusiones pretéritas y actuales de expertos de terceras empresas (doctores tiene la Iglesia) sobre desconocimientos y sorpresas que puedan esconder las aguas del Estrecho, dentro de las inexactitudes que atesora la naturaleza.
El primero, más susceptible sísmicamente que el segundo.
LA PRESIÓN POLÍTICA SIEMPRE PRESENTE.
Desde tiempo inmemorial hasta la celebración de la XII REUNION DE ALTO NIVEL, (2023), incluidos otros acuerdos bilaterales, las mismas han transcurrido bajo distintos acordes políticos casi siempre marcadas por la presión de los marroquíes según estado de las relaciones y bajo el prisma de un proyecto que interesa mayormente a Marruecos y escasamente a la U.E,
ACTUALIDAD CONTROVERSIA JUDICIAL.
No es cometido de esta analista irrumpir en razones o motivaciones que contemplan las empresas involucradas en un proceso judicial en defensa de los intereses de una Federación de Asociaciones de Empresas, recurrente en desacuerdo sobre adjudicación contrato Proyecto conexión entre España y Marruecos a través de un Túnel en el Estrecho de Gibraltar y una Empresa estatal.
En síntesis, un supuesto de competencia desleal o no, según respectivos puntos de vista.
Según Actualidad Económica, autora del último y acertado reportaje firmado por Alberto Ortín, el Proyecto se ha visto financiado en 5.3 millones de euros por el Gobierno entre 2022 y 2025, además de 0.3 millones entre 2016 y 2021.
DOS DILEMAS: INVERSIONES ECONOMICAS Y CUASI PERMANENTES SITUACIONES POLÍITICAS.
Comencemos por el Eurotúnel.
Según distintas fuentes: Budget Tovern.com y Open Edition Journals, entre otras, dicha obra debido a sus sobrecostes ha sido considerada como una de las más famosas en la historia de la ingeniería civil. La misma experimentó un incremento global del 99% en términos nominales (aproximadamente un 80% en términos reales, descontando la inflación de la época). El presupuesto original estimado en 4.800 millones de libras esterlinas en 1985 terminó disparándose hasta un coste final de 9.500 millones de libras al momento de su inauguración en 1994 (cifra que roza los 15.000 millones de euros o más de 12.000 millones de libras sumando costes financieros adicionales de mercado posteriores).
Continuemos ahora con el Túnel del Estrecho.
Según Actualidad Económica, Los costes de ejecución se estiman actualmente en unos 10.000 millones de euros. En principio, de dudosa credibilidad, tomando como punto de partida que es este tipo de macroproyectos sus valoraciones económicas iniciales suelen ser meramente orientativas, pudiendo tener incrementos de hasta un. 50% en función de las soluciones tecnológicas aplicables e imprevistos, como supuestos previsibles expuestos por el analista en su Tesis Doctoral: “El Modificado de Obra en la Contratación Pública”.
Otras dificultades técnicas posiblemente influyentes estribarían en las distintas profundidades: Estrecho: supuestamente entre 300 y 900 mts. y 174 máxima en Eurotúnel, y cómo no, Europa no atraviesa bonanzas económicas con tendencia a empeorar en 2028, y si añadimos la actual situación con un supuesto mayor beneficiario, mejor nos vamos sin putrefactos olores políticos.
No se encuentran las alforjas económicas ni políticas como para afrontar estos delirantes desafíos.