La pandereta de los «actores secundarios» de la política española

En el gran circo de la política actual, los secundarios de lujo han cambiado la tribuna de oradores por la pandereta mediática, paseando por las tertulias un espectáculo de cara al algoritmo. Hay que reconocerle a Borja Sémper un mérito indiscutible, el hombre tiene una capacidad de omnipresencia que ya la quisiera para sí el mismísimo Obispo de Madrid. Si mañana a su Señoría Ilustrísima le da por invitarle a soltar un titular en la Hoja Parroquial, allí se nos planta Borja con la pandereta, cara de actor secundario de reparto político y el guion bien empollado. Se recorre las televisiones, las radios y los periódicos como quien hace un vía crucis con paradas de plató en plató, cantando el hit parade del día, hoy toca Ceuta, una canción que cada mañana arreglan según sople el viento de la tertulia.

Pero no nos engañemos, Montse Mínguez del PSOE tampoco se queda manca, forma parte de la nómina de secundarios buscando debajo de las piedras a ver si aparece un patinazo del PP, para salir a dar la lección del día. Eso sí, los del PSOE a VOX ni lo miran, porque dicen que para qué, que son una prolongación de los populares. Y mientras tanto, José María Figaredo se corona como adalid de las soluciones al tema de Ceuta, cazando uno a uno a los «invasores», no dice si con balas de paja o de las de verdad. Lanzar exabruptos no lo convierte en héroe nacional, mas bien, en el tonto del pueblo.

La pura realidad es que la política hace tiempo que hizo las maletas y se marchó del hemiciclo. Al Congreso ya no se va a debatir ni a convencer a nadie, se va a grabar el minuto de intervención. El diputado de turno suelta la parrafada que trae masticada de casa, la graban e inmediatamente la suben a las redes sociales. Luego entran en acción las «nuevas tecnologías», un regimiento de bots empieza a mover el mensaje como lentejas en una olla a presión, hinchando la bola para que parezca que hay miles de fervientes seguidores aplaudiendo detrás de la pantalla. Es la gran trampa del algoritmo. Tambien hay una pléyade de buleros en redes sociales, sobre todo, donde se respira derecha y aultraderecha, que se dedican a darle la matraca al socialcomunismo, o lo que es lo mismo, según ellos, al sanchismo.

Al final, entre el hombre orquesta de la pandereta, los cazadores de perlas en el barro y los patriotas del exabrupto, al ciudadano de a pie solo le queda mirar el panorama con la socarronería justa, sabiendo que nos venden mucho ruido, mucho clip en redes sociales y muy poquita sustancia. Pero en fin, que siga la función; mientras queden platós y cobertura, tendremos comedia.

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