Circo, falsedades y gas pimienta: el Congreso de los Diputados cae en el esperpento

Lo vivido esta mañana en el Salón de Plenos del Congreso de los Diputados rebasa el límite del mero rifirrafe parlamentario para adentrarse de lleno en el esperpento, ni Valle Inclán, gallego como la diputada, sería capaz de escribir lo ocurrido hoy en el hemiciclo. La política nacional no parece haber tenido suficiente con el filibusterismo de chiringuito de Vox, con un José María Figaredo que cambió sobre la marcha su pregunta registrada a Carlos Cuerpo para buscar el titular fácil, sino que ha tenido que presenciar el grotesco espectáculo de la diputada popular ourensana Ana Belén Vázquez esgrimiendo un bote de gas pimienta, vacío según la diputada, desde la tribuna de oradores.

Tras ser apercibidacon total lógica por la presidenta Francina Armengol en aplicación del reglamento y por puro decoro, la diputada ourensana remató la faena ante los micrófonos llamando «hooligan» a la Presidencia de la Cámara. No conforme con ello, mintió a renglón seguido al asegurar que el artefacto es un producto de venta habitual «en cualquier farmacia». Un nuevo tropezón con la verdad, la legislación española es tajante y restringe la venta de aerosoles de defensa personal homologados de forma exclusiva a armerías autorizadas.

Pocos minutos después del altercado en el hemiciclo, saltaban todas las alarmas en las dependencias de la Cámara Baja. Los funcionarios del Congreso se vieron obligados a desalojar y precintar a toda prisa varios pasillos y una de las cafeterías tras comprobarse que alguien había vaciado un bote de gas pimienta en el interior de uno de los aseos. Una coincidencia de tiempos y material que inevitablemente suscita la duda: ¿fue ese el destino del bote exhibido por Ana Belén Vázquez en la tribuna?

El Congreso de los Diputados, concebido como el templo de la palabra y el debate de ideas, se convirtió por un momento en una escenografía de sobremesa. Ana Belén Vázquez, acostumbrada a ejercer de ariete desbocado del Partido Popular a costa de coleccionar sonados patinazos y dar pábulo a bulos que luego esquiva con pasmosa indiferencia, decidió que la dialéctica se le quedaba corta. Su «recurso visual», un espray de defensa, comprado en una farmacia, según ella, como si fuese una aspirina, pretendía denunciar la inseguridad en las calles de Ceuta, pero solo sirvió para retratar la alarmante falta de peso argumental que asola a parte de la oposición. La pregunta que debería responder, ¿en que farmacia compró el bote de gas pimienta?

Hoy ha quedado claro que la estrategia del «todo vale» ha infectado el debate público. Cuando los datos fallan y las propuestas escasean, se recurre a la utilería de atrezzo, a la bronca calculada y a la provocación infantil. Lo grave no es solo que se confunda un espray con una herramienta legislativa; lo verdaderamente trágico es que representantes públicos cobren de todos los ciudadanos para convertir la sede de la soberanía popular en un plató de televisión de serie B.

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