La España de los «UNTOS»: El festín del poder donde el pueblo sirve de aperitivo

En la viñeta que hoy nos ofrece Sir Cámara bajo el título «Las cosas como son», la pluma afilada del humor gráfico disecciona la realidad política con una precisión quirúrgica, si bien la autopsia deja un regusto amargo en la boca del contribuyente. Jugando con la ironía, el autor ilustra con maestría el concepto de la «EXPAÑA», nótense las comillas y esa «X» de ex-, como si la patria fuera un territorio extinguido y ahora solo quedase el coto privado de unos pocos, convirtiendo el mapa en un tablero de Monopoly donde los ciudadanos somos meras fichas prescindibles.

La imagen nos presenta un palco de honor con los cuatro jinetees del Apolalipsis español caricaturizados, protagonistas de nuestro panorama institucional, todos ellos, curiosamente, vestidos de traje y corbata, ataviados con la etiqueta de la casta y la derecha más reaccionaria y populista: Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, y Carles Puigdemont, el ausente. Todos, sin excepción, lucen muecas cínicas y ademanes de estar tramando la siguiente jugada, ajenos al mundo real.

El dardo envenenado de la viñeta lo lanza el lema que redefinen con doble sentido: «UNTS: Untados y bien untados». El autor utiliza el término coloquial «untar» no como sinónimo de engrasar la maquinaria del Estado para que funcione, sino, como bien escribió Joaquim Boch en su libro, La patria en la cartera, es el lugar donde esconden su ideología.

La próxima cita con las urnas es mucho más que un simple cambio de cromos o un relevo rutinario de inquilinos en la Moncloa; se presenta como una auténtica operación de asalto para hacerse con los mandos de la sala de máquinas del Estado y gobernar, sin red de seguridad para el común de los mortales, a capricho y conveniencia. ¿El verdadero premio gordo? Meter las manos en la caja y manejar a su antojo las economías familiares españolas.

No nos engañemos, esto ya no parece una competición democrática al servicio del ciudadano, sino una timba de trileros donde los grandes empresarios de marcado perfil amiguista, los círculos de influencia y toda la «demás familia» del establishment económico-político pujan fuerte para asegurarse el reparto del pastel. Mientras el contribuyente de a pie hace auténticos malabarismos de circo para llegar a fin de mes entre la asfixia fiscal, la espera en las citas médicas, la cesta de la compra disparada y la precariedad laboral, los politicos preparan el terreno para blindar sus prebendas. Al fin y al cabo, para esta corte de intocables, el sueldo y el ahorro de las familias trabajadoras no son el fruto del esfuerzo diario, sino el botín perfecto con el que financiar su particular barra libre.

Sir Cámara, con un guiño de maestro de ceremonias, representa la apatía, la desafección y la resignación de la ciudadanía, reducida a ser un convidado de piedra que observa, atónito y hastiado, como la democracia se ha convertido en una partida de mus donde los ases siempre están marcados y la banca siempre gana. Una obra de arte que, lejos de provocar una risa liberadora, invita a un grito mudo y a la certeza de que el «país» está en manos de quienes mejor saben servir los intereses ajenos y por ende, sus propios intereses.

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