Sonrisas televisivas y el “feminismo familiar” de Feijóo: la semana en que el PP se enredó en sus propias palabras

Hay semanas en la política nacional que parecen diseñadas con escuadra y cartabón para evidenciar los contrastes más absolutos. Mientras la actualidad gallega y estatal bulle al ritmo de encuestas comprimidas y pulsos territoriales, a Génova parece habérsele desajustado el compás. Las costuras del argumentario popular se notan cada vez más en la capital, donde las inercias de la política autonómica ya no sirven para capear el temporal mediático. Y si no, que le pregunten a su «escritora», María del Mar Sánchez Sierra, qué le está pasando. El líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, está dejando en las últimas semanas una estela de despistes y salidas de guion que sus adversarios políticos y las redes sociales no han tardado en afilar con precisión quirúrgica.

Porque si algo alimenta el debate político es el contraste visual y discursivo. Imposible no mirar hacia atrás y recordar la imagen de ayer mismo: la sonrisa y el desparpajo absoluto con los que el bloque de enfrente, o los ecos de la bronca institucional, capitalizan el atril televisivo, escenificando una alegría y una naturalidad que contrastan dramáticamente con el rictus encorsetado al que a menudo nos tiene acostumbrados el líder de la oposición. Mientras unos surfean con aparente comodidad los platós y los formatos de entretenimiento, al PP le llueven los varapalos en el peor momento posible.

El último capítulo de esta particular saga de resbalones dialécticos lo protagonizó el propio Feijóo este mismo día al intentar justificar su talante con un argumento que hizo las delicias de los meme-creadores en internet: proclamarse feminista por el mero hecho de haberse criado rodeado de más mujeres que hombres en su entorno familiar. El chiste, claro está, no se hizo esperar en las redes sociales. Los partidos enfrente le sacaron más punta que a un lápiz, convirtiendo la frase en trending topic y evidenciando que, en la batalla de la comunicación moderna, un paso en falso de esta magnitud es un caramelo demasiado jugoso para la oposición.

A Feijóo parece habérsele parado el reloj que antaño llevaba perfectamente engrasado en Galicia, donde el control de los tiempos y del mensaje era milimétrico. Madrid no perdona el despiste, y el escaparate nacional amplifica cada titubeo hasta convertirlo en estruendo. Los orensanos presumen con orgullo de ser a los mejores afiladores del mundo, pero a este paso da la sensación de que la piedra que el líder popular creía infalible se le ha quedado completamente roma.

Cuando los errores no forzados se acumulan y el adversario político te gana la partida del relato con una sonrisa y una ocurrencia televisiva, el problema deja de ser anecdótico. A las puertas de un escenario electoral donde cada voto se disputa al milímetro y con un espacio a su derecha empujando con fuerza, el centro-derecha no puede permitirse regalar argumentos a la competencia. Gobernar exige rigor, pero la política actual también se juega en el terreno de la agilidad mental y del reflejo oportuno. Y hoy por hoy, da la impresión de que al mascarón de proa del PP le sobra lastre y le falta cintura para esquivar los chistes que él mismo se encarga de poner en bandeja.

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