El baile de máscaras de la U.E.: La política migratoria europea.

Jesús Antonio Rodríguez Morilla

La inmigración se ha consolidado como el elemento más disonante y desestabilizador de la Unión Europea. Quienes hemos observado su tablero político desde nuestra incorporación y hemos frecuentado Berlaymont, reconocemos de inmediato el patrón: Hemiciclo y los Consejos Europeos convertidos en escenarios de un teatro donde las políticas domésticas de un país impactan mayormente sin éxitos en el espacio común, activando los resortes del reproche mutuo.

INTRODUCCIÓN

Argumentos en el presente caso: se agita el fantasma del «efecto llamada» o la “alteración de las reglas del juego”, pasando la soberanía legislativa de cada Estado para cualquier tema, a ser vista por sus Estados Miembros, según la situación, como amenaza directa a la seguridad y la economía del bloque.

Es el negocio de la confrontación, el alimento de una clase política que vive de gestionar crisis en ocasiones relacionadas con sus intereses políticos en lugar de resolverlas.

TAMBORES DE GUERRA Y LENGUAJE CORPORAL.

Días atrás les anticipaba una Cumbre de Bruselas exasperada. En su agenda brillaba de manera rutilante la política de asilo y la regulación de los flujos migratorios.

Sin embargo, lo verdaderamente revelador no estuvo en los discursos, sino en la coreografía del Hemiciclo. Sonaron «tambores de guerra» con la aproximación de la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, al escaño del jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez.

Las cámaras no recogieron sus palabras, pero el lenguaje corporal hostil y el cálculo de los gestos previos a la sesión lo dijeron todo.

Una escenificación tensa que pareció resumirse en el rostro de Sánchez: una máxima muy de nuestra: “Esto, es lo que hay” ……..

“ENTENTE CORDIALE” PARA SALVAR LA FACHADA”

Para edulcorar estos momentos álgidos, Bruselas es experta en prefabricar «conjunciones astrales». Se busca generar un marco de consenso ficticio, un receso que salve el tipo político de los representantes ante sus respectivos electorados hasta la próxima cita.

En este último Consejo se escenificó una suerte de “Entente Cordiale”, remedando el histórico pacto de conveniencia de 1904 entre el Reino Unido y Francia.

Una tregua de fachada para consumo de los Medios.

Detrás de la propaganda oficial que celebra un «enfoque estratégico generalizado», la realidad es que el problema se ha cerrado provisionalmente en falso. El bloque restrictivo capitaneado por Dinamarca exigió supervisar con lupa cualquier regularización extraordinaria.

En este tablero, Francia operó como dique de contención en apoyo a España frente a la presión de Polonia e Italia, mientras que Sánchez comparecía intentando hacer comulgar con ruedas de molino a la opinión pública, afirmando sentirse representado en un acuerdo donde conviven la discrepancia absoluta y el consenso. Una pirueta diplomática insostenible.

EL PRECEDENTE DE VENTIMIGLIA: LA HISTORIA SE REPITE.

Recordarán, que España se anima en otros conflictos como nacionalizar a diestro y siniestro por motivos esencialmente electorales y políticos.

Un aviso a navegantes: La UE ya vivió una crisis idéntica a la de Ceuta en 2011. Tras la Primavera Árabe, la llegada de miles de tunecinos a Lampedusa desbordó al Gobierno de Silvio Berlusconi, que optó por expedir permisos temporales sabiendo que el destino final de los migrantes era Francia.

La reacción de París fue fulminante: acusó a Roma de «deslealtad institucional» y cerró unilateralmente la frontera en Ventimiglia, bloqueando los trenes. Aquel choque bilateral puso a Schengen al borde del colapso obligando a reformar las reglas para acotar cuándo un país puede aislarse de sus socios.

UNA EUROPA SOCIALMENTE EPILÉPTICA

Hoy, las fuentes cercanas al debate describen un presente laberíntico. El futuro de la política común sigue secuestrado por los cálculos electoralistas de cada capital.

Nos encontramos ante una Europa socialmente epiléptica que se les escapa de las manos a los burócratas.

Resulta aventurado pronosticar soluciones definitivas ante tanta involución, pero una certeza sobresale tras la máscara de Bruselas: la receta sigue siendo ganar tiempo, retrasar lo inevitable y patentar, en ambas fronteras, nuevos muros de contención.

Fotografía: Primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen

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