De aquel órdago a lo grande de Carmela López prometiendo 5.000 fieles en la fiesta del Lucense del Año en día de su presentación, a quedarse en poco más de un millar hay un trecho largo, concretamente el que va de la realidad a la fantasía animada. La fuerza de Jesús Vázquez se ha desinflado más rápido que una gaseosa abierta al sol en pleno agosto. Las cifras hinchadas solo sirven ya para sonrojo de su principal mecenas y pagador, una Diputación de Lugo que empieza a mirar para otro lado al comprobar que, lo que quedaba de aquel pretendido imperio no es más que una fachada de cartón piedra.
Siguen cayéndose piezas de una Federación cada vez más residual y en evidencia, mientras él sigue erre que erre abrazado a Besteiro, a Lara Méndez y a la todopoderosa que mueve los hilos del partido. Creyendo todavía que asusta a alguien, se enfrasca en exigir explicaciones sobre cómo colaboran las administraciones con otras asociaciones. Todo muy sutil, muy democrático y al más puro estilo caciquil de toda la vida, bloquear el crecimiento ajeno e ir apuntando nombres en su particular lista negra, por si acaso.
Aun le sobra tiempo, bendita dedicación para, acompañado de algún «fiel trabajador,» intentar mecer la cuna en las elecciones de ACRUGA y en cuanto negociado electoral se le ponga a tiro. Ahora mismo anda empeñado en colocar a un veterinario de Láncara como si de un monigote se tratase en su red de marionetas. La estrategia de blanqueamiento es de manual, colar en el rebaño a gente vinculada al PP para disimular, aparentar pluralidad y, a la chita callando, seguir haciendo lo de siempre.
En el plano orgánico y electoral, de la mano de Besteiro y Lara Méndez, agita lo que puede en Sarria y sondea el «misterio de las once vocales y consonantes», Pablo Rivera para la Alcaldía de Lugo. Mientras, el PSOE sigue parado e impertérrito, asistiendo al espectáculo de cómo Carmela López y compañía intentan mover ficha, pero se topan con el inmovilismo de una cúpula más preocupada por retener el control interno ante lo que se puede avecinar.
Por si fuera poco, la lista de derrotas dialécticas y territoriales no para. Otro foco perdido es la pujante Asociación Cultural Lugo Sur, inmune a los treje manejes de Vázquez, la Asociación no hace más que anunciar incorporaciones de prestigio para seguir ensanchando su base social, mientras que al presidente de la Federación de Vecinos se le escapan los resortes del control comarcal entre los dedos.
En Lugo donde llegó a reinar a su antojo, un poder ejercido con vocación estrictamente unipersonal y de beneficio propio, la figura de Jesús Vázquez se va diluyendo en la más absoluta irrelevancia. Todo apunta a que, de seguir esta cuesta abajo y sin frenos, el batacazo será de los que hacen época. La última ficha del puzle ya está sobre la mesa, el nacimiento de una nueva Federación para ocupar el espacio que él lleva demasiado tiempo asfixiando. Menos mal que siempre quedará el consuelo de ver quién es el fogueteiro cuando ya no queden marionetas.