La Cofradía de la Misericordia-Gremio de Mareantes recuerda a Ignacio Cerviño en el 121 aniversario de su fallecimiento.

La entidad celebrará el martes 3 de noviembre, a las 10:15 horas, el solemne funeral de difuntos en la antigua iglesia colegiata de Cangas, en memoria de los cofrades fallecidos y con un recuerdo especial para quienes perdieron la vida en el mar.

En las vísperas de la celebración de Difuntos, la Cofradía de la Misericordia-Gremio de Mareantes de Cangas recuerda la figura de Ignacio Cerviño Quinteiro, coincidiendo con el 121 aniversario de su fallecimiento, ocurrido el 28 de octubre de 1905 en O Porriño. Su legado artístico permanece estrechamente vinculado a la identidad cultural y religiosa de Galicia y, de manera especial, a la villa de Cangas.

Nacido el 14 de junio de 1834 en el lugar de Persoelo, en la parroquia de Santa María de Augasantas, en Cotobade, Cerviño murió a los 71 años, después de desarrollar una trayectoria que lo convirtió en maestro cantero, constructor, escultor e imaginero de reconocido prestigio en la provincia de Pontevedra y en el norte de Portugal.

La evocación de su figura adquiere un significado especial en Cangas, localidad en la que dejó una importante huella artística y donde la tradición religiosa ha contribuido a preservar la memoria de numerosos creadores vinculados a las celebraciones y devociones populares.

Un funeral por los cofrades fallecidos y por quienes perdieron la vida en el mar

El martes 3 de noviembre, a las 10:15 horas, la antigua iglesia colegiata de Cangas acogerá el solemne funeral de difuntos de la Cofradía de la Misericordia-Gremio de Mareantes, una celebración en recuerdo de los cofrades fallecidos durante el último año.

Se trata de una celebración universal en memoria de todas las personas que «no se encuentran entre nosotros», independientemente de su procedencia. De acuerdo con lo establecido en el acta fundacional de la entidad, la ceremonia reservará un recuerdo especial para quienes fallecieron en el mar, una memoria particularmente arraigada en una villa cuya historia está estrechamente ligada a la actividad marítima y a la vida de sus gentes.

En el marco de esta celebración, la cofradía quiere recordar también a algunas de las figuras que contribuyeron a construir el patrimonio artístico y religioso de Cangas: el escultor Ignacio Cerviño y los pintores Ventura Lazarí y Juan de la Iglesia. Junto con otros artistas y con la participación de ebanistas locales, sus aportaciones ayudaron a dar forma a numerosas piezas que procesionan durante la Semana Santa de la localidad.

La iniciativa une así el recuerdo de los difuntos con el reconocimiento a quienes, a través de su trabajo artístico, dejaron una huella duradera en las tradiciones de la villa. Un legado que continúa presente en las imágenes y composiciones que cada año salen a las calles y que forman parte de la memoria colectiva de Cangas.

El Cruceiro de Hío, una obra para la memoria

La creación más conocida de Ignacio Cerviño es el Cruceiro del Santísimo Cristo de la Luz, popularmente denominado Cruceiro de Hío, situado en el atrio de la iglesia de Santo André de Hío. Su riqueza escultórica y la complejidad de sus escenas lo han convertido en una de las obras más reconocibles del patrimonio monumental gallego.

Sin embargo, la aportación del maestro de Augasantas no se limita a esta pieza emblemática. Su trabajo también está presente en Cangas y su entorno, así como en Ponteareas y otras localidades pontevedresas, donde la escultura religiosa forma parte de una herencia artística transmitida de generación en generación.

La Semana Santa de Cangas, con sus procesiones y su importante tradición imaginera, constituye otro de los ámbitos en los que se reconoce la relación entre arte, devoción y vida comunitaria. En este contexto, recordar a Cerviño en las vísperas de Difuntos supone también reivindicar a los artistas que contribuyeron a dar forma a las expresiones religiosas que siguen vivas en la sociedad.

Un artista que merece salir del olvido

Pese a su relevancia, Ignacio Cerviño ha sido considerado durante mucho tiempo una figura insuficientemente reconocida en la historia de la escultura gallega. Su dedicación a un arte próximo al pueblo, ligado a las iglesias, las celebraciones y las prácticas devocionales, pudo contribuir a que su trayectoria quedase relegada frente a la de otros artistas vinculados a grandes proyectos civiles o religiosos.

Diversos investigadores han contribuido a recuperar su memoria. Los estudios iniciales de Eugenio Eiroa Hermo y Emilio Alfonso Fernández Sotelo centraron su atención, especialmente, en el Cruceiro de Hío. Posteriormente, los trabajos de catalogación de Estanislao de Kostka Fabricio Fernández de la Cigoña ayudaron a poner de relieve la amplitud y el valor de su producción.

También destaca la labor del investigador Anxo Coia Otero, que, después de años de estudio, ha profundizado en la vida y la obra del escultor, contribuyendo a reivindicar su importancia dentro del patrimonio artístico gallego.

Julio Fernández Pintos se refiere a Cerviño como «un escultor inteligente», mientras que Rafael Sampedro Fernández recuerda su relevancia como uno de los grandes escultores de la Pontevedra de la segunda mitad del siglo XIX.

La memoria de los artistas y el patrimonio de Cangas

A lo largo de su vida, Cerviño residió en localidades como Cotobade, Cerdedo, Madrid, Cangas, Ponteareas y O Porriño. Su trayectoria estuvo marcada por una intensa actividad artística y por una obra estrechamente vinculada a las comunidades para las que trabajó. En sus últimos años llegó a plantearse la posibilidad de trasladarse a Argentina, aunque su delicado estado de salud no se lo permitió.

En el 121 aniversario de su fallecimiento, la evocación de Ignacio Cerviño por parte de la Cofradía de la Misericordia-Gremio de Mareantes sitúa su figura en unas fechas especialmente vinculadas al recuerdo de quienes ya no están. Una ocasión para volver la mirada hacia el patrimonio que permanece entre nosotros y hacia quienes, a través de su oficio y su talento, dejaron una huella duradera en la historia de la villa.

Más allá de la fama de una obra concreta, Cerviño representa la importancia de ese arte cercano a la vida cotidiana que contribuyó a construir la identidad de los pueblos gallegos. Su legado, visible en monumentos, imágenes y tradiciones religiosas, sigue ofreciendo motivos para investigar, divulgar y reconocer la aportación de uno de los grandes maestros de la escultura gallega del siglo XIX.

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