De Mozos de Arousa, premios y miserias. Por Jesús Suárez

@jsuarez02111977

Hay que ver qué fácil es abrir la boca y montar un circo con dos palillos. Raúl Santamaría, diputado del PP en Galicia y orgulloso integrante de los Mozos de Arousa, ha tenido a bien iluminarnos con una declaración que rezuma tanta profundidad como un charco en agosto: que Hacienda, esa bestia negra, esa criatura voraz que todo lo devora, le quita demasiado al premiado en un concurso. “Que se lleve la mitad me parece excesivo”, dice, henchido de indignación y con el aplomo del que parece estar descubriendo América.

A ver, don Raúl. Vamos a poner las cartas sobre la mesa, porque aquí nadie es tonto. Que Hacienda se lleva su parte del premio no es algo que venga de ahora, ni una afrenta personal contra los Mozos de Arousa. Es una de esas normas que existen desde hace décadas y que, por cierto, su propio partido nunca ha tocado ni remotamente. Pero claro, cuando no eres tú el que paga, Hacienda no es el malo. Ahí se calla todo el mundo, ¿verdad?

Es curioso que un diputado, alguien que, en teoría, debería saber cómo funciona la recaudación fiscal, se tire al barro con semejante perla. Como si el sistema tributario fuese un concepto abstracto que uno descubre después de años de ignorancia, como si Hacienda fuera ese villano del oeste que aparece de repente para saquear a los pobres ganadores de concursos.

Y mientras tanto, la realidad sigue ahí, inmutable y sórdida. Los mismos políticos que se rasgan las vestiduras porque “Hacienda roba” son los que aprueban presupuestos en los que, sorpresa, esos impuestos sirven para pagar hospitales, carreteras, escuelas y, sí, también los salarios de diputados como el señor Santamaría. Porque, no lo olvidemos, su nómina también depende de lo que recauda esa “odiosa” Hacienda.

Pero claro, ¿para qué hablar de eso cuando puedes rascar un poco de populismo barato y ganarte el aplauso fácil? La crítica a Hacienda, bien envasada, siempre vende. El problema es que detrás de esta salida de tono no hay más que una enorme ignorancia o, peor aún, una hipocresía que huele desde lejos. Porque si tan mal le parece que Hacienda “robe”, que proponga algo. Que se suba a la tribuna del Parlamento gallego y defienda la supresión de impuestos a premios. A ver cuánto dura esa propuesta cuando haya que cuadrar las cuentas.

No nos engañemos. Lo de Santamaría no es una cruzada fiscal ni un acto de rebeldía frente al sistema. Es, simplemente, el pataleo pueril de alguien que, por un momento, olvidó dónde está y qué representa. Y mientras tanto, los demás seguimos aquí, pagando impuestos y viendo cómo personajes como él nos dan lecciones sobre lo que es justo o no, como si no supiéramos de qué va el cuento.

Así que, querido Raúl, menos llorar y más legislar. Que para eso te pagan, y no precisamente poco.

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