En la película “Matrix” (1999), el personaje de Morfeo ofrecía a Neo la posibilidad de elegir entre dos pastillas. Con una de ellas, despertaría en el mundo real y vería con sus propios ojos hasta dónde llegaba la manipulación del sistema. Con la otra, lo haría en el mundo que conocía y creería lo que quisiera creer. En ocasiones, da la sensación de que la ciudadanía de a pie vivimos en una especie de “Matrix”, una realidad puesta ante nuestros ojos para ocultarnos una verdad cruda y desesperanzadora.
Hace tres días, el portal Fotocasa hacía público un informe sobre la evolución de los precios del alquiler en España. En dicho informe, se aseguraba que el precio del alquiler en la comunidad autónoma de Cantabria había descendido, en el año 2024, un 3,1%, una noticia que, puesta ante nuestros ojos, sonaría más que ilusionante. El Diario Montañés, por su parte, contaba la historia de otra manera diciendo que el alquiler había subido un 1,8%, siendo Cantabria la tercera comunidad en la que menos se ha incrementado, mini punto y punto también.
Estos datos a priori tan maravillosos no son más que una nueva cortina de humo en este maravilloso mundo de Oz que se quiere dibujar ante los ciudadanos, y que choca frontalmente con una serie de realidades objetivas que los cántabros de a pie, los de la calle, sufrimos a diario: primera realidad, el IPC en el año 2023 fue de un 3,1%. El IPC es un valor de referencia que se aplica, o se debería aplicar, a todo o casi todo, y que generalmente se aplica a la hora de revalorizar los precios de los alquileres de manera anual. Esto quiere decir que, como poco, los alquileres que aplican la subida del IPC anualmente subieron un 3,1%. Segunda realidad, el efecto de la política de expansión turística está teniendo en Cantabria, muy especialmente, con la cada vez más relevante aparición de pisos turísticos o alquileres de temporada, y que hace que en Cantabria, que cuenta, oficialmente, con cerca de 50.000 viviendas vacías, el 80% del mercado inmobiliario de alquiler sea por temporada y a precios desorbitados, tal y como se informaba en Eldiario.es el pasado mes de junio de 2024, y que haya, oficialmente también, más de 2.000 viviendas turísticas legalizadas, y una estimación de en torno a las 6.000 sin legalizar. Tercera realidad, también consecuencia de la política turística, es la revalorización que los terrenos de determinados municipios están disfrutando, y que está convirtiendo el comprar o alquilar tanto viviendas como locales o, incluso, espacios donde poder emprender y crear pequeños negocios es una lucha titánica para la inmensa mayoría de la población.
Alfonso Galdón, presidente de Valores, ha declarado públicamente que todos los integrantes del partido trabajan, principalmente, por el bien común. Y no hay mayor bien común que el derecho a poder acceder a una vivienda donde poder construir un proyecto de vida personal y familiar. El derecho a la vivienda es un derecho fundamental que, no entra en conflicto con el derecho a la propiedad privada y al ejercicio legítimo del uso y disfrute de la misma, sí debería de ser una prioridad máxima para cualquier gobierno, autonómico, regional o nacional, que se precie de preocuparse por los “problemas reales de la ciudadanía”.
Una vez más, desde Valores Cantabria debemos señalar que “la ciudadanía” es un grupo poblacional
donde un alto porcentaje de la clase política de este país no encaja hace mucho tiempo, y que vive, como en la película “Matrix”, en el crudo y duro desierto de lo real.
José Luis Tendero Ferrer – Presidente de Valores Cantabria