Del maquillaje de Pedro Sánchez a los secretos de juventud de Núñez Feijóo: Cuando la política se maquilla, o se pone botox…

¡La política española ya no solo se juega en el BOE, sino también en el neceser y la clínica estética! No es nada nuevo que la imagen de los políticos esté cargada de maquillaje. Recuerdo las fotografías de los carteles electorales de Manuel Fraga, que en cada confrontación electoral rejuvenecía varios años, o el tinte del pelo de M. Rajoy. Creía que lo había visto todo, el eterno debate sobre la imagen de nuestros líderes nos demuestra que la vanidad, o la estrategia, tiene más capas, como diría mi amigo Alfonso Pardo, que una cebolla de Antas de Ulla. De repente, hemos pasado de discutir el color de la corbata, a desmenuzar el ‘efecto Photoshop’ que le aplica el maquillaje a Pedro Sánchez y a susurrar sobre los ‘secretos de juventud’ que Feijóo guarda bajo la manga (o en la jeringuilla de botox, según malas lenguas). ¡La política española es como el reality ‘Supervivientes» con botox y maquillaje de Génova y Moncloa! Claro que la imagen de soldado de operaciones especiales del Ejército de Abascal, sin haber hecho la «mili», pretende ofrecer seguridad y firmeza, solo le falta la cabra.

¿Maquillaje de Estado?

Pedro, con esa planta que gastas de jugador del Breogan, Basquet Coruña u Obradoiro, uno pensaría que no necesitas retoques. Pero no, parece que el presidente se ha tomado muy en serio aquello de que «la primera impresión es la que cuenta». Y en la tele, donde cada poro se agranda hasta el infinito, un buen maquillador es más valioso que un centenar de asesores políticos o de medio ambiente.

El problema viene cuando el «sutil velo» se convierte en una «capa de pintura» tanta como la de un Crucero de vacaciones. De repente, el debate no es si está guapo, sino si nos está intentando transmitir que ha pasado 48 horas sin dormir o que le han dado una mala noticia. ¿Será que el iluminador y el contorno se han convertido en la nueva arma secreta para comunicar «cansancio dramático» o «preocupación profunda»? Si es así, los Goya ya pueden ir pensando en una categoría para «Mejor Interpretación Facial por Maquillaje Estratégico».

Y claro, cuando la ciudadanía empieza a preguntarse si el coste de ese arte facial supera a la cesta de la compra, la cosa se pone como los pimientos de Padrón, unhos pican e outros non. ¡Que no nos extrañe que pronto veremos el márquetin de ventas de kits de maquillaje político en los anuncios de la tele!

El retrato de Dorian Gray de Núñez Feijóo

Mientras Sánchez batalla con el corrector de ojeras y mucho más, Alberto Núñez Feijóo, como buen lector de Oscar Wilde, siempre más campechano que Juan Carlos I, nos ha dado otra lección de comunicación no verbal. Si antes sus ‘botos’ nos decían «soy de pueblo, de la tierra, de los que pisan fuerte en Galicia», ahora su rostro parece querer gritarnos con sus botox: «¡Aquí no pasan los años… o pasan, pero con ayuda!».

La rumorología sobre posibles retoques estéticos, esas supuestas «inyecciones de botox o estimuladores de colágeno» que hacen que las arrugas huyan despavoridas, ha puesto el foco en sí la política moderna exige una cara de veinteañero para liderar un país. Desde su desembarco en Madrid, es innegable que Alberto Núñez Feijóo parece haber experimentado un notable rejuvenecimiento., los aires de la capital, del Reino los botox y, quizás, esas relajadas cervezas en terrazas madrileñas, le han sentado de maravilla, otorgándole un aire más fresco y, para algunos, una energía renovada

La presión por la imagen en la política es tan brutal que, al final, uno no sabe si vota a un programa electoral que nunca cumplen o a un buen careto de Instagram, Facebook, X, u otra red social. Si la juventud es poder, Feijóo parece dispuesto a darle una patada al DNI. Aunque, eso sí, la coherencia exige que si se ‘inyecta’ juventud, también que se ‘inyecte’ más vitalidad en sus mítines. ¡No vaya a ser que la cara engañe al currículum!

El maquillaje como arma secreta

Al final del día, tanto el maquillaje de Sánchez como los (presuntos) retoques de Feijóo nos demuestran algo fundamental, la política se ha convertido en un gran show, y los políticos, en sus principales actores. La imagen ya no es un mero accesorio, es parte del guion.

¿Buscamos líderes con cara de póker o de «buen yerno»? ¿Queremos que nos transmitan cercanía con un aire de «haber dormido poco» o que nos inspiren confianza con una tez lozana y sin una pata de gallo?, aunque en muchas ocasiones parecen «cuñaos». La próxima vez que vea a un político en pantalla, no solo escucharé sus palabras, observaré sus ojeras, el brillo de su frente y las líneas de expresión, igual el maquillaje me está contando más de lo que escucho.

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