Galicia vuelve a arder. El último gran incendio, cuya causa se ha atribuido sorprendentemente a un cable de alta tensión, ha reavivado el debate sobre los verdaderos motivos detrás de la recurrente quema de montes de la Comunidad Autónoma. La hipótesis de un cable como origen, especialmente cuando se detectan tres focos distanciados entre sí varios kilómetros, convierten a la chispa eléctrica en viajera, situación que genera escepticismo y plantea una pregunta incómoda: ¿qué intereses se esconden tras esta devastación?
Hace años, la Xunta, en un intento por desviar la atención de su propia incapacidad en la gestión forestal, solía achacar los incendios a motivos políticos, señalando directamente al BNG como el foco de todas las miradas. Sin embargo, el panorama actual sugiere que los intereses han cambiado, y con ellos, los supuestos beneficiarios: el dinero y los proyectos eólicos.
La quema de grandes extensiones de terreno forestal no solo tiene un impacto ambiental devastador, sino que también puede abrir la puerta a cambios de uso del suelo que, en un futuro, podrían favorecer la instalación de parques eólicos. La especulación en torno a la recalificación de terrenos quemados para proyectos energéticos es una sombra constante en el debate gallego, avivando la sospecha de que la mano del hombre, con intereses económicos claros, está detrás de muchos de estos desastres.
Mientras las brigadas y equipos de extinción luchan incansablemente contra las llamas, la sociedad gallega exige respuestas. La facilidad con la que se repiten estos episodios y las «sorprendentes» causas oficiales alimentan la frustración y la indignación. ¿Hasta cuándo seguirá ardiendo Galicia en un juego de intereses donde el medio ambiente y el patrimonio natural son las principales víctimas? La sombra del dinero y los eólicos parece ser la nueva, y preocupante, narrativa detrás del humo que asfixia el paisaje gallego.
El impacto de los incendios en las Rías Gallegas
Otra de las graves consecuencias de los incendios forestales en Galicia no se limitan a la devastación terrestre. Las mariscadoras están alertando sobre cómo las cenizas procedentes de los fuegos están llegando al estuario del río Anllóns, provocando la muerte de los bancos marisqueros.
Esta situación es una de las «otras» consecuencias directas del daño que los incendios provocan al marisqueo, a las Rías y a un ecosistema ya de por sí muy sensible y protegido. La escorrentía de las cenizas arrastradas por las lluvias (o incluso por la propia humedad ambiental) hacia los cauces fluviales acaba depositándose en los lechos marisqueros, alterando la composición del agua y el sedimento, asfixiando a las especies y afectando gravemente su ciclo vital.
Las rías gallegas generan gran dependencia económica de la actividad marisquera y pesquera. La llegada de estas cenizas y residuos de la combustión representa una amenaza directa para la biodiversidad marina y, por ende, para el sustento de miles de familias gallegas.