El juego de la cuerda, encontrar el punto de equilibrio. Por Miguel Abreu

Tú sueltas y te mantienes en pie, y todos caen. A veces, es necesario soltar la cuerda. Si no lo haces, caerás con aquellos que se creen vencedores. Soltar no es rendirse, es elegir mantenerse en pie cuando el juego ha dejado de tener sentido. Quien suelta primero sufre el impacto del silencio, pero permanece entero. Y, mientras los demás se levantan de la caída, tú ya estás listo para seguir.

Hay batallas que no se ganan tirando con más fuerza. Hay momentos en que la fuerza está en saber parar. Soltar la cuerda puede parecer debilidad, pero es, muchas veces, el gesto más lúcido y valiente de quien entiende que la victoria no está en el suelo, está en la conciencia. En la gestión, como en la vida, la tentación es tirar hasta el límite, creer que todo depende de nuestra fuerza. Pero liderar no es vencer al otro, es comprender el movimiento y darle dirección.

Y después, siempre hay una elección. Dejar a los otros donde cayeron o, como dijo el Papa Francisco, recordar que “solo hay una razón para que alguien esté más alto. Es porque ayuda al otro a levantarse.” Liderar no es sujetar la cuerda a toda costa, sino saber cuándo soltar, y cuándo tender la mano.

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