Antonio, hoy te ha salvado la campana, has ganado, pero no has convencido.
Te voy a hablar sin rodeos, sin paños calientes y sin el lenguaje vacío de las ruedas de prensa. A la vieja usanza. A cuchillo. Porque el fútbol, como la vida, se entiende mejor cuando se dice la verdad sin adornos.
Tú eres el entrenador del Deportivo. Cobras por decidir. Por ver lo que otros no vemos. O eso se supone. Pero hay domingos —demasiados ya— en los que uno se sienta ante el partido con la sensación incómoda de que el emperador va desnudo y nadie se atreve a decirlo en voz alta.
Hablemos claro de Stoichkov.
Partido tras partido. Titularidad tras titularidad. Minuto tras minuto. Y nada. Ni fútbol, ni desborde, ni gol, ni asociación, ni amenaza, ni colmillo. Un jugador desaparecido, diluido, irrelevante. Un espectador más, pero con botas. Corre, sí. Como corren todos. Pero correr no es jugar al fútbol. Y jugar al fútbol, en el Deportivo, debería ser obligatorio, no opcional.
Lo preocupante no es que un jugador esté mal. Eso pasa. Lo verdaderamente inquietante es que haga lo que haga, sigue. Siempre sigue. Mientras otros, a la mínima, regresan al banquillo como si hubieran cometido un delito. Como si el error no estuviese permitido según qué nombre lleves cosido en la camiseta.
Y aquí es donde uno empieza a desconfiar.
Porque los que no tenemos el título de entrenador nacional —ese diploma que parece otorgar visión sobrenatural— también vemos los partidos. Vemos quién suma y quién resta. Vemos quién se ofrece y quién se esconde. Vemos quién hace mejor al equipo y quién lo convierte en un conjunto previsible, plano, inofensivo.
Y lo que vemos es esto: Stoichkov no justifica estar en un once titular del Deportivo. Ni hoy. Ni ahora. Ni así.
Por eso hay una pregunta que nunca respondes en rueda de prensa, porque siempre te refugias en frases de manual, en el “confío en el jugador”, en el “trabaja bien entre semana”, en el “esto es fútbol”.
No, Antonio. Eso no es fútbol. Eso es humo.
Explica, aunque sea una vez, los motivos reales y objetivos. No los lemas.
- ¿Qué aporta Stoichkov al juego del Deportivo?
- ¿Qué mejora en el equipo cuando él está en el campo?
- ¿Por qué es indiscutible haga lo que haga?
- ¿Qué ves tú que no vemos los demás?
Porque si la respuesta es “confianza”, entonces el problema es grave. Y si la respuesta es “equilibrio”, todavía más. Y si no hay respuesta, peor.
El Deportivo no está para experimentos eternos ni para fidelidades ciegas. Está para competir, para crecer y para ser justo. El vestuario también mira. Los compañeros también comparan. Y el mensaje que se lanza es demoledor: hay jugadores con bula y jugadores con fecha de caducidad inmediata.
Eso rompe equipos. Eso mata la meritocracia. Eso envenena proyectos.
Tú decides, sí. Pero no decides solo. Decides bajo la mirada de miles de personas que saben de fútbol más de lo que crees. Que no tendrán tu carné, pero tienen ojos. Y memoria. Y criterio.
El Deportivo no necesita explicaciones bonitas. Necesita decisiones valientes. Y si Stoichkov no está para ser titular, lo honesto —con el club, con la afición y con el propio jugador— es sentarlo. Sin dramas. Sin excusas. Sin dogmas.
El fútbol, como el respeto, se gana en el campo. Y el campo, Antonio, no está diciendo lo que tú insistes en escuchar.