Dicen que en política, como en la feria, cada uno cuenta la historia según le va en el ganado. Pero a Rubén Arroxo el ganado se le está escapando del cercado y, lo que es peor, los tratantes ya están mirando para otro lado. En el BNG de Lugo, esa balsa de aceite que siempre parece un remanso de paz de puertas para afuera, el caldero está empezando a hervir con un borbotón que ya no hay tapa que lo esconda.
El Plan de Movilidad: donde dije digo, digo «malo será»
Arroxo parece haber abrazado la filosofía del «sentidiño», pero al revés. Su gestión con el Plan de Movilidad es digna de estudio en las mejores facultades de prestidigitación: hoy aprueba un plan y mañana nos explica, con esa calma tan suya, que no se va a aplicar. O que el transporte urbano cambia de criterio según sople el viento de la Muralla. Una improvisación tan constante que uno ya no sabe si el barco va a la deriva o si es que el capitán ha decidido que el concepto de «puerto» es algo demasiado burgués.
Antón Bao y la dualidad del «depende»
Mención aparte merece Antón Bao. El responsable comarcal está practicando ese equilibrismo tan nuestro: en público, la sonrisa y el apoyo oficial; en privado, el oído atento a la militancia y el café largo con los críticos. Escuchar, escucha a todos, que es de buena educación, pero en sus silencios ya se empieza a leer la crónica de una despedida que algunos quieren acelerar.
calientan en la banda: Efrén y Olalla
Cuando el río suena, es que alguien está tirando piedras. Y en los foros nacionalistas ya no se esconden los nombres de Efrén Castro y Olalla Rodil.
- Efrén, con ese perfil de quien sabe que las cosas de palacio van despacio pero van.
- Olalla, que igual te hace un discurso en el Hórreo que te arregla un desaguisado municipal.
Están sondeando el terreno, «a ver qué pasa», como quien mira si la nube va a descargar antes de sacar el paraguas. El mensaje es claro: hay banquillo, y el titular empieza a tener los cordones desatados.
¿Un grupo municipal o una reunión de vecinos mal avenida?
La armonía interna está para pocos trotes. Entre la salida de Felipe Rivas —que se fue, pero no se sabe si lo fueron— y la gestión de Iria Buide, el panorama es para verlo. Y mientras, Cristina López ha decidido que ella ya es mayorcita para marcar su propio perfil, alejándose de los «acólitos» del líder y dejando a Arroxo solo en su trinchera digital.
Porque ahí es donde Rubén se siente fuerte: en las redes sociales. Allí vocifera, busca el aplauso fácil de los suyos y confunde los «likes» con los votos. Pero, ¡ay, amigo!, que los «me gusta» no ganan asambleas internas ni calman a una concejala que ya no sigue el guion.
¿Habrá cambios de cromos en la próxima crisis de gobierno? La pregunta no es si cambiarán las áreas, sino si cambiarán las caras. Arroxo lleva mal la presión y el BNG lleva mal el desorden. En Lugo sabemos bien que cuando alguien empieza a despedirse mucho, es que ya tiene un pie en el estribo.
De momento, Rubén sigue en sus redes, convencido de que el aplauso de sus fieles es eterno. Pero ya lo dice el refrán: «Nunca choveu que non escampase», y al portavoz nacionalista se le está olvidando el paraguas en casa.