El hambre en el mundo se concentra en solo diez países

Las guerras siguen siendo la principal causa de inseguridad alimentaria aguda y malnutrición para millones de personas en todo el mundo, sin embargo, la guerra de Oriente Medio amenaza con extenderla por países que no están en conflicto.

Por séptimo año consecutivo, las crisis alimentarias y la malnutrición se mantuvieron en niveles dramáticos en 2025, concentradas en un pequeño grupo de países. El hambre aguda se ha duplicado en una década, con dos hambrunas declaradas el año pasado, un hecho sin precedentes en la historia del informe publicado por un consorcio que incluye a la ONU, la Unión Europea y ONG.

Según la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias, diez países —Afganistán, Bangladés, República Democrática del Congo, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen— albergan a dos tercios de las personas que sufren hambre aguda.

Entre ellos, Afganistán, Sudán del Sur, Sudán y Yemen registran las peores crisis, tanto en términos de proporción como de número total de personas afectadas.

«Los conflictos siguen siendo la principal causa de inseguridad alimentaria aguda y malnutrición para millones de personas en todo el mundo, y en el mismo año estallaron hambrunas totales en dos zonas afectadas por conflictos, una situación sin precedentes», declaró el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, en el prólogo del informe.

35,5 millones de niños afectados por malnutrición aguda

El Sistema de Clasificación de la Seguridad Alimentaria (IPC) identificó hambrunas en 2025 en Gaza y en ciertas regiones de Sudán, algo inédito desde el inicio de estos informes. Esta situación subraya el agravamiento del hambre y la malnutrición, causadas principalmente por conflictos, restricciones al acceso humanitario y desplazamientos forzados.

En total, 266 millones de personas en 47 países sufrieron inseguridad alimentaria aguda el año pasado, casi el 23% de la población analizada. Esta proporción es ligeramente superior a la del año anterior y casi el doble que en 2016.

La gravedad del hambre alcanzó su segundo nivel más alto de la historia, con un número de personas en situación de hambre catastrófica (fase 5 del IPC) nueve veces superior al de 2016.

Al mismo tiempo, la malnutrición aguda sigue siendo un problema crítico y cada vez más preocupante. Solo en 2025, 35,5 millones de niños padecían malnutrición aguda, de los cuales casi 10 millones sufrían malnutrición grave.

Casi la mitad de las crisis alimentarias también estuvieron acompañadas de crisis nutricionales, caracterizadas por una alimentación insuficiente, enfermedades y el colapso de servicios esenciales. En regiones como Gaza, Myanmar, Sudán del Sur y Sudán, estos factores provocaron niveles extremos de malnutrición y un alto riesgo de mortalidad.

Perspectivas sombrías

«No se trata de una escasez de alimentos, sino de una falta de voluntad política para garantizar que los niños, en todo el mundo, tengan acceso a una alimentación básica. En un mundo de abundancia, no hay razón para que un niño sufra o muera por malnutrición», declaró Catherine Russell, directora del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

El informe advierte que la inseguridad alimentaria aguda seguirá siendo crítica en 2026, agravada por conflictos, la variabilidad climática y la incertidumbre económica global, especialmente los riesgos en los mercados alimentarios.

Aunque la evaluación es prematura, la escalada del conflicto en Oriente Medio podría empeorar la situación, generando nuevos desplazamientos y perturbando aún más los mercados agroalimentarios mundiales, lo que afectaría a países ya en crisis alimentaria.

El informe alerta sobre los efectos inmediatos en la seguridad alimentaria en Oriente Medio, el Caribe o las islas del Pacífico, donde la dependencia de las importaciones de alimentos agrava la vulnerabilidad de las poblaciones ante el aumento de los costos de energía y logística.

Además, la persistencia de las interrupciones en el transporte, junto con el papel clave de los países del Golfo como exportadores de energía y fertilizantes, podría tener repercusiones en los mercados agroalimentarios globales.

Disminución de la financiación

Estos desarrollos recientes ocurren en un contexto en el que la financiación para las crisis alimentarias ha caído a niveles no vistos en casi una década, limitando la capacidad de los gobiernos y los actores humanitarios para intervenir de manera efectiva.

Ante crisis alimentarias cada vez más concentradas, la ONU y la UE llaman a fortalecer las inversiones en sistemas agroalimentarios resilientes, la adaptación al cambio climático y las oportunidades económicas rurales.

También insisten en la importancia de reforzar los sistemas de alerta temprana y garantizar acciones anticipatorias. La prevención del hambre requiere acceso humanitario seguro, respeto al derecho internacional y un compromiso político reforzado para combatir el hambre relacionada con los conflictos.

Foto de portada: © UNOCHA/Giles Clarke

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