48 millones en Suiza, una sede pagada con dinero negro, 70 policías corrompidos con fondos reservados, numerosas pruebas destruidas y otras fabricadas contra adversarios políticos, grabaciones que prueban la implicación de varios dirigentes, varios exministros en la cárcel o investigados, la destitución de un líder por denunciar una supuesta trama, dos áticos en el centro, sociedades pantallas, chanchullos con Quirón, hasta una orden de secuestro. En las últimas semanas, el Partido Popular se ha puesto muy exigente en materia de corrupción, pero no con esta corrupción que acabamos de describir, la que salió de la cueva de Alibaba de Génova, sino con la de los demás.
Para Feijóo, el Gobierno que más ha hecho por la clase trabajadora de este país es, en bloque, una organización criminal. Calla que González Amador haya multiplicado, aparentemente, por siete su facturación a Quirón desde que es pareja de Ayuso o que haya podido facturar por prestar servicios de asesoría desde un centro de estética Además, se atreve a insultar al presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados y le reta a que expulse del PSOE a aquellos que hayan cometido algún delito de corrupción.
Todo esto lo ha dicho el líder del PP del actual Gobierno mientras se juzga al último Ejecutivo de su partido, el de Mariano Rajoy, por haber creado, presuntamente, un cuerpo parapolicial dentro de la Policía Nacional que trabajara, no para el interés común de los españoles, sino para el de Génova 13. El PP habría corrompido hasta 70 policías, valiéndose de fondos reservados, para que destruyeran las pruebas que probaban todas sus tramas de corrupción y para, al mismo tiempo, fabricar pruebas falsas contra adversarios políticos. Hasta se produjo un secuestro, el de la familia Bárcenas, en busca de las evidencias que el extesorero Bárcenas pudiera tener contra los populares.
Se olvida también Feijóo de que lidera el único partido condenado por corrupción en toda Europa, y que fue definido como organización criminal por la Justicia española. Se olvida Feijóo de que fue elegido líder del PP para tapar la corrupción que, supuestamente, rodea al entorno de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. Se olvida Feijóo que día tras día acude a trabajar y se sienta en un despacho que ha sido pagado con dinero negro.
Pide Feijóo que se aparte de la política y se expulse de los partidos a todo aquel que esté involucrado en algún caso de corrupción. ¿Ha resuelto ya el PP el expediente que abrió al exministro Jorge Fernández Díaz por el caso Kitchen? ¿Ha expulsado el PP o suspendido de militancia a M.Rajoy, María Dolores de Cospedal, Francisco Campos, Esperanza Aguirre, Francisco Granados o a Eduardo Zaplana? ¿Ha pedido Feijóo explicaciones a Ayuso por los chanchullos de su novio y su familia con los gigantes empresariales de la sanidad que operan en Madrid a sus anchas? ¿Ha pedido Feijóo explicaciones a Moreno Bonilla por trocear contratos de la sanidad pública por valor de cientos de millones de euros?
Feijóo ni pide explicaciones ni expulsa de su partido a quien mete la mano en la caja. En el PSOE, en cambio, tenemos tolerancia cero. Cuando se demuestra que alguien ha actuado como no debía, es suspendido de militancia desde el primer momento. Sea quien sea. Es esa cultura de partido la que nos ha llevado, según organismos externos, a ser la formación política más transparente y con las normas internas más exigentes de toda España.
Tal y como explicó nuestra secretaria de Organización, Rebeca Torró, en la rueda de prensa posterior a la reunión de la CEF este lunes, el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno da al PSOE una nota de 83,1% en cuanto a la entrega de información obligatoria en este ámbito. Frente al notable de los socialistas, el PP suspende con un 34% de puntuación.
Feijóo intenta hablar sobre corrupción desde una atalaya moral, como dijo el presidente del Gobierno en la sesión de control, que no es tal. El lugar de la derecha española en materia de corrupción siempre ha sido el subsuelo, los sótanos donde se esconden los secretos más inconfesables. Feijóo es incapaz de elevar a su partido en este sentido, de hecho, lo hundirá aún más de lo que ya está.