Núñez Feijóo desenfunda la trinidad del desgaste político para recordarnos que España está al borde del colapso… otra vez

En el apasionante teatro de la política nacional, Alberto Núñez Feijóo ha vuelto a subirse al atril con la solemnidad de quien pronuncia un responso de estado. La sentencia no ha dejado lugar a dudas ni a matices: «El Gobierno está políticamente agotado, parlamentariamente bloqueado y éticamente inhabilitado».

Tres adjetivos, tres enmiendas a la totalidad y una coletilla inapelable para rematar la faena: «La gente no quiere a este Gobierno». Y se queda tan ancho.

Hay que reconocerle al líder del PP la elegancia con la que empaqueta las crisis. Porque decir que el Ejecutivo está políticamente agotado suena mucho más fino que admitir que la legislatura se ha convertido en una carrera de obstáculos donde cada votación parlamentaria requiere el arte de la negociación al límite y más parches que una bicicleta de segunda mano.

Lo de parlamentariamente bloqueado tampoco carece de guion: en cuanto el tablero de las Cortes Generales se complica y las mayorías flotantes deciden tomarse un respiro, en la sede de Génova salta la alarma de «país paralizado». Si los Presupuestos o las leyes no salen con la soltura de una alfombra roja, es que el motor de la gobernabilidad se ha gripado definitivamente.

Y claro, el broche de oro no podía ser otro que el éticamente inhabilitado. Con las portadas de los periódicos funcionando como un rosario diario de sumarios, investigaciones judiciales y salpicaduras varias, el líder de la oposición solo ha tenido que estirar el brazo para señalar la moralidad del gabinete y dar el veredicto definitivo.

Para rematar el cuadro, Feijóo apela al «sentir popular» con un rotundo «La gente no quiere a este Gobierno«. Una afirmación tan contundente que uno casi espera ver a la ciudadanía entera saliendo a la calle a devolver el recibo del Ejecutivo.

Así están las cosas en la arena política: mientras el Gobierno intenta sobrevivir a base de malabarismos y resistir el embate de los escándalos, la oposición ya ha redactado el acta de defunción institucional. Ahora solo falta ver si el «paciente» acepta el diagnóstico… o si decide seguir gobernando desde la UVI parlamentaria una temporada más.

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