Al pucherito, leré …

Sí, ya sé que era el cocherito leré, el chofer que ya nadie usa porque la gente se mata sola: o conduciendo o votando. Dos recursos para movernos por eso que llamamos convivencia y que se complementa con lo indispensable: comer. Algo bastante difícil ahora porque si no hay vivienda, no hay cocina. Pero eso no es malo, a estas alturas la derecha, que come todos los días varias veces, ha animado a la participación electoral; y como la gente no tiene donde vivir, no se puede quedar en casa el día de las elecciones… ¿Y qué va a hacer? Pues ir votar. Y aquí entran otra vez en escena las disciplinas alimenticias, los pucheros y los pucherazos.

El “pucherazo” es la forma de referirse al fraude electoral en el que se manipulan los resultados de una elección de manera ilegal. La expresión data de los tiempos de la Restauración borbónica. Eran tiempos parecidos a los del bipartidismo más cercano. Allí se lo apañaban los liberales y los conservadores mediante sus intereses y las ollas, pucheros que se decía entonces, donde se depositaban las papeletas, los votos, y donde metían la mano con descaro los directamente interesados en cambiar los resultados.

Y esta expresión aflora de nuevo porque algunos que no tienen garantizado su éxito electoral, a fecha de hoy, pronostican que podrán producirse manipulaciones en las mesas electorales. Aquel pucherazo, que es un caldo de buitre para algunos, que por mucho que se empeñen, hoy es imposible. Ya no se deposita la papeleta en una olla, en un puchero. Ya tenemos urnas, supervisores e interventores de las diferentes opciones políticas, que vigilan los intereses de sus partidos para que no se escape un voto. Y, por si esto fuera poco, también se vota por correo para facilitar el derecho de las personas que no pueden votar presencialmente, ya sea porque están fuera del país o tienen dificultades para desplazarse hasta su colegio electoral.

A pesar de todo lo dicho, el pucherazo está presente en esta nueva convocatoria electoral porque algunos argumentan sin pruebas que votar por correo es sinónimo de fraude: ese es el pucherazo que auguran quienes se presentan sin más propuestas para la ciudadanía que la caída del actual presidente del Gobierno.

Correos trae a la memoria la conjugación de una persona del modo imperativo del verbo correr que nada tiene que ver, no guarda relación, con eyacular; aunque también transfiera realidades orgánicas. Dicho de una manera más actual, “el que pueda votar, que vote” porque soportes, elementos para ello no le van a faltar. Desde el gato con “votas” hasta el sencillo hecho de que no nos falten pucheros para seguir tirando de una cruda y diaria realidad.

Y no me pongan caritas, no me hagan gestos de sufrimiento o mosqueo, no me hagan pucheros, insinuaciones de llanto preventivo, porque no se dan las circunstancias para ello. Correos es una opción placentera ante tanta mentira interesada. Y si no, que pregunten a aquella moza de Ávila que andaba entre pucheros, no pucherazos. Carnes de vacuno, ave, legumbres, huesos salados, verduras… Vamos, lo que vienen siendo las mensuales GASTRONTERÍAS.

Pues eso.

Pepe LASTRAS

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