Mucho que decir y poco que contar es una de las frases más maravillosas de Arsenio Iglesias, uno de los emblemas del deportivismo. No hace falta ni recordar cuando lo dijo, aunque para los más jóvenes, recordaremos fue en la inmediata rueda de prensa tras el partido en el que Djukić falla aquel penalti ante el Valencia que hace perder la liga al Deportivo en los últimos instantes del torneo.
Probablemente, sea lo más oportuno para comentar otro hecho que ocurrió hace pocos meses relacionado por uno de los asuntos más oscuros relacionados con el Deportivo en los últimos tiempos.
Está claro que este portaaviones de 28 mil socios en Tercera División no merecen que el capitán de la nave sea una financiera llamada Abanca,
Esta semana salió a la luz un asunto que en su día revelamos en 21noticias relacionado con el lamentable paso de Miguel Llorente por la entidad y la relación mantenida por este, su jefe, David Villasuso, su nadie, Carlos Rosende, y su jefecilla, Rocío Candal.
Hoy, el asunto Ana González, Anita, ha tomado otra dimensión gracias a los compañeros de Relevo. Magnífico trabajo y magnífica oportunidad para sacarlo, tras el escándalo denunciado por las actuales campeonas del mundo en el seno de la Real Federación Española de Fútbol.
Nosotros entendemos a Anita, entendemos a Alba Merino y a cualquiera de las entrevistadas por Relevo que han decidido presentar su testimonio público ahora y no antes.
La sociedad gallega es fácil de controlar. Menos de tres millones es poca cosa para cualquiera que tenga poder, pero 47 millones, ya sea por medio de un partido político, ya por una multinacional de las finanzas, es más difícil. En todo caso, el grafiti “Llorente miente”, escrito por un anónimo en el túnel anterior al parking de Abegondo nunca se borró, como testimonio no solo de lo que presuntamente sucedió, sino de lo que puede suceder si se reabre el asunto de una forma más.
El Deportivo acaba de emitir una nota de prensa en la que se desmarca del asunto porque los que estaban implicados, jugadoras, técnico, miembros del Consejo de Administración, componentes del aparato de gestión deportiva, ya no están.
Copian al PP de la Gürtel, copian al PSOE de los ERE andaluces: Ya no están, estamos limpios. No tenemos responsabilidad alguna.
Todos sabemos que sí la tienen. Todos sabemos que lo único que puede rescatar su honorabilidad es que colaboren con la justicia. Lo único que salva la credibilidad de alguien que sienta la honorabilidad de unas siglas, de un emblema, de un nombre, es limpiarlo siempre que ha sido manchado.
Abanca estaba cuando presuntamente Anita sufrió el maltrato de Llorente y Abanca continúa al mando.
El relativismo histórico no vale para hechos que sucedieron hace unas horas, hace dos años. Abanca, el Deportivo, dice que las personas que formaron parte del protocolo de investigación eran independientes y Abanca falta a la verdad.
Cuando yo contrato a una empresa para que audite la mía pueden pasar dos cosas: que lo haga de manera independiente, porque quiero conocer cómo están las cosas; o que lo haga de manera dependiente, porque sé cómo están las cosas, y quiero que mi contratado diga lo que a mí, contratante, me interesa.
Las investigaciones realizadas por los canales éticos de cualquier entidad puede ser el asunto más perverso que se pueda dar. Buen entendedor, pocas más palabras precisa.
La honorabilidad del Deportivo no pasa por decir que los protocolos fueron bien ejecutados porque se actuó conforme a ellos.
¿Y si los protocolos tenían las suficientes lagunas para volverse perversos?
Tengo la conciencia tranquila porque cuando el Deportivo le ofreció a Llorente lavar su carita de niño travieso estuve en aquella rueda de prensa, en la que el madrileño no tenía a su lado ni a Villasuso, ni a Rosende, ni a Candal, ni a Couceiro, yo le rebatí su argumento en el que se afirmaba como inocente, explicándole que la compliance solo lo convertía en presunto inocente. El protocolo de investigación había sido privado y, como la mayoría, si no todos ellos, no tienen el aval del esperado rigor de lo público. En definitiva, la inocencia de Llorente solo la avalaba el club.
Repito, solo la avalaba el club. La avalaban personas responsables del club, las voces, los gestores del club, que eran, con mayor o menos responsabilidad, Couceiro, Villasuso, Rosende y Candal.
En estos momentos, la sociedad puede escuchar a Ana González gracias a su voluntad de declarar y de Relevo por editar. Estamos detectando que la sentencia de la sociedad no tiene nada que ver con la que en su día ejerció el Deportivo.
Hay otra historia paralela a aquello. David Villasuso envió una amenaza a este medio, 21noticias.com. diciéndonos que rectificábamos lo que decíamos o nos metía en un juzgado, queriendo imponerse a nuestros argumentos, a nuestros datos, a nuestro testimonio entonces autocensurados por quien los podía dar y no lo hizo, por medio de la fuerza en lugar de la razón.
Al final, no lo hizo, tenían miedo a las pruebas, no podían calcular lo que nosotros sabíamos, incluso lo que podíamos decir, pero no teníamos las garantías suficientes para hacerlo para no quedar indefensos. A veces, el periodista sabe lo que pasa, pero no puede presentarlo por el miedo que puedan tener aquellas personas que avalarían la denuncia.
Tenemos su carta firmada con lo que nos dijo, por si en cualquier momento quisiera negarlo. Era otra cantamañanada más del hombre de las sombras en los últimos años del Dépor. El adelantado de Escotet, el del reciente fracaso judicial en el caso Angeliño, el que creó un conflicto innecesario con el Manchester City, el que fue incapaz de sacar al Deportivo de Tercera División, el brazo armado de Escotet para manejar el mayor fracaso deportivo en la historia del club de la Plaza de Pontevedra, cuatro años seguidos fuera del fútbol profesional, cuatro años fuera de los buenos negocios del fútbol. Sí, el hombre que acorraló en el palco de Riazor a una concejala de deportes del consistorio coruñés por darle un like a un twit que defendía el empoderamiento de la mujer, el tipo oscuro que ha provocado la frustración deportiva a más de 20 mil deportivistas. El hombre de la camisa blanca que se va de rositas, volviendo al calorcito de su oficina abanquera.
Habiendo escuchado a Anita, teniendo la posibilidad de alumbrar las sombras oscuras de un club, sabiendo que Llorente no fue expulsado al momento porque lo suyo fue tan poca cosa que el tirón de orejas se debió a “haber dicho hostia”, en lugar de una palabra menos vulgar, que podemos esperar de la resolución de la otra investigación, en la que Charity Adule acusaba internamente a Llorente de racista, y el club no vio motivos para que la nigeriana actuase de aquella manera.
En definitiva, mucho que decir, y mucho que contar, a diferencia de la frase de Arsenio Iglesias. El asunto es dónde. El lugar son los tribunales. El Deportivo, su honorabilidad, solo quedará a salvo si ahora lleva a los tribunales a los presuntos actores de un presunto abuso, que puede tener trascendencias penales. El Deportivo, hasta si se quiere, Abanca, Escotet, quien sea responsable, solo dejará su imagen limpia si lleva al lugar que corresponde a aquellos y aquellas responsables que, usando su emblema, el de sus 28 mil socios, cometieron un presunto maltrato a mujeres que en ese momento también estaban luchando por poner al club en lo más alto y, presuntamente también, fueron maltratadas.
El Deportivo y sus crisis
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