Consejos para calmar a un perro hiperactivo

por Redacción Nacional

Los perros son animales que necesitan hacer ejercicio y jugar para mantenerse sanos y felices. Sin embargo, algunos perros tienen un nivel de energía tan alto que pueden resultar difíciles de controlar y convivir. Estos perros se caracterizan por ser hiperactivos, es decir, por mostrar una actividad excesiva, nerviosa e incontrolable, que puede afectar a su salud física y mental, así como a la de sus dueños y su entorno.

La hiperactividad canina puede tener diferentes causas, como la genética, el ambiente, la alimentación, el estrés, o la falta de estimulación. No obstante, también puede ser un síntoma de algún problema de salud, como el hipertiroidismo, el déficit de atención, o la ansiedad por separación. Por eso, lo primero que debemos hacer si sospechamos que nuestro perro es hiperactivo es consultar con un veterinario, que podrá descartar o diagnosticar cualquier enfermedad y ofrecernos el tratamiento más adecuado.

Además, existen una serie de consejos que podemos seguir para calmar a un perro hiperactivo y mejorar su calidad de vida y la nuestra. Estos son algunos de ellos:

1. Proporcionarle una alimentación adecuada

La alimentación es un factor clave para la salud y el comportamiento de nuestro perro. Una dieta equilibrada y de calidad le aportará los nutrientes que necesita para estar sano y fuerte, y evitará que tenga carencias o excesos que puedan alterar su estado de ánimo. Además, debemos controlar la cantidad y la frecuencia de las comidas, para evitar que nuestro perro tenga hambre o sobrepeso, que también pueden influir en su nivel de actividad.

Asimismo, debemos evitar darle alimentos que puedan estimularlo o perjudicarlo, como el chocolate, el café, el té, el alcohol, o los dulces. Estos alimentos contienen sustancias que pueden provocar nerviosismo, taquicardia, o intoxicación en nuestro perro, y que pueden agravar su hiperactividad.

2. Ofrecerle ejercicio físico suficiente

El ejercicio físico es fundamental para que nuestro perro gaste su energía y se mantenga en forma. Un perro que no hace suficiente ejercicio puede acumular tensión, estrés, o aburrimiento, que pueden manifestarse en forma de hiperactividad, ansiedad, o conductas destructivas. Por eso, debemos sacar a nuestro perro a pasear al menos dos veces al día, y dedicarle tiempo a jugar con él, tanto dentro como fuera de casa.

El tipo y la duración del ejercicio dependerán de la edad, el tamaño, y la raza de nuestro perro, así como de su estado de salud. En general, se recomienda que un perro adulto haga entre 30 y 60 minutos de ejercicio al día, repartidos en varias sesiones. Sin embargo, algunos perros pueden necesitar más o menos ejercicio, según su nivel de energía y su capacidad física.

Algunas actividades que podemos hacer con nuestro perro para que se divierta y se relaje son:

  • Caminar, trotar, o correr con él, adaptándonos a su ritmo y a su resistencia.
  • Lanzarle una pelota, un frisbee, o un juguete, para que lo persiga y lo traiga de vuelta.
  • Practicar algún deporte canino, como el agility, el canicross, o el flyball, que estimulan su cuerpo y su mente.
  • Enseñarle trucos o comandos de obediencia, que refuerzan su vínculo con nosotros y su autocontrol.
  • Dejarle que explore, huela, y socialice con otros perros, siempre con supervisión y respeto.

3. Brindarle estimulación mental

Además del ejercicio físico, nuestro perro también necesita estimular su mente, para evitar que se aburra o se frustre. Un perro que no recibe suficiente estimulación mental puede desarrollar problemas de conducta, como la hiperactividad, la agresividad, o la depresión. Por eso, debemos proporcionarle juguetes, juegos, y retos que le hagan pensar y aprender, y que le mantengan entretenido y ocupado.

Algunas formas de estimular la mente de nuestro perro son:

  • Usar juguetes interactivos, como los que tienen compartimentos para esconder premios, o los que emiten sonidos o luces, que despiertan su curiosidad y su instinto.
  • Jugar al escondite con él, escondiendo su juguete favorito, un premio, o nosotros mismos, y animándole a que nos busque y nos encuentre.
  • Cambiar la rutina de vez en cuando, llevándole a lugares nuevos, variando el recorrido del paseo, o introduciendo nuevos estímulos, como olores, sonidos, o texturas.
  • Dejarle que resuelva problemas por sí mismo, como abrir una puerta, sacar un juguete de una caja, o desenredar una cuerda, siempre que no supongan un riesgo para él.

4. Establecer unas normas y unos límites

Un perro hiperactivo puede ser muy difícil de manejar, sobre todo si no tiene una buena educación. Un perro que no sabe lo que se espera de él, o que no respeta a sus dueños, puede hacer lo que le plazca, sin importarle las consecuencias. Por eso, debemos enseñarle unas normas y unos límites desde que es cachorro, para que sepa cómo comportarse en cada situación, y para que nos obedezca cuando le demos una orden.

Para educar a nuestro perro, debemos ser firmes, coherentes, y pacientes, y usar el refuerzo positivo, es decir, premiarle cuando haga algo bien, y ignorarle o corregirle cuando haga algo mal. Nunca debemos usar la violencia, el castigo, o el grito, ya que solo conseguiremos asustarle, dañarle, o provocarle una reacción negativa.

Algunas normas y límites que podemos enseñarle a nuestro perro son:

  • No saltar sobre las personas, los muebles, o la cama, sino esperar a que le demos permiso para subir o bajar.
  • No ladrar, morder, o arañar sin motivo, sino expresar sus emociones de forma adecuada y controlada.
  • No tirar de la correa, ni adelantarse a nosotros, sino caminar a nuestro lado y seguir nuestro ritmo.
  • No comerse nuestra comida, ni robarla de la mesa, sino esperar a que le demos su ración en su comedero.
  • No destrozar nuestros objetos, ni hacer sus necesidades en casa, sino respetar nuestro espacio y salir al exterior cuando lo necesite.

5. Proporcionarle un ambiente tranquilo y seguro

El ambiente en el que vive nuestro perro puede influir mucho en su comportamiento y en su estado de ánimo. Un ambiente ruidoso, caótico, o estresante puede alterar a nuestro perro y hacer que se vuelva más nervioso e inquieto. Por el contrario, un ambiente tranquilo, ordenado, y seguro puede calmar a nuestro perro y hacer que se sienta más cómodo y relajado.

Para crear un ambiente adecuado para nuestro perro, debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Elegir un lugar de la casa que sea suyo, donde pueda descansar, dormir, y refugiarse cuando lo necesite. Este lugar debe estar limpio, ventilado, y acondicionado, y debe tener una cama, una manta, y sus juguetes.
  • Evitar los ruidos fuertes, las luces intensas, o las corrientes de aire, que puedan molestarle o asustarle. Si hay algún ruido inevitable, como el de una obra o una tormenta, podemos ponerle música relajante o hablarle con voz suave para distraerle y tranquilizarle.
  • Mantener una rutina diaria, que le dé seguridad y estabilidad. Debemos establecer unos horarios fijos para las comidas, los paseos, los juegos, y el descanso, y respetarlos lo máximo posible.
  • Evitar los cambios bruscos, que puedan alterar su equilibrio. Si tenemos que mudarnos, viajar, o introducir un nuevo miembro en la familia, debemos hacerlo de forma gradual y positiva, y darle a nuestro perro el tiempo y el apoyo que necesite para adaptarse.

7. Darle medicación

En algunos casos, la hiperactividad en perros puede ser tan severa que requiera de un tratamiento de fármacos veterinarios, además de las medidas conductuales y ambientales. La medicación puede ayudar a calmar la ansiedad, el estrés, o el desequilibrio químico que pueda estar causando la hiperactividad en nuestro perro. Sin embargo, la medicación solo debe usarse bajo prescripción y supervisión veterinaria, y nunca como un sustituto de la educación o el ejercicio.

Un ejemplo de este tipo de medicamentos usados para tratar la hiperactividad en perros es Calmivet.

La dosis y la duración del tratamiento dependerán de cada caso y de la respuesta del perro. Es importante seguir las indicaciones del veterinario y no modificar ni suspender el tratamiento sin su consentimiento. Asimismo, es recomendable combinar la medicación con otras terapias, como la modificación de conducta, el enriquecimiento ambiental, o el refuerzo positivo.

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