Esto no es política. Es la mafia. Supuestamente, claro, que aquí hay que andar con pies de plomo porque todavía no ha sido juzgado. Pero huele. Y no a azahar. Huele a despacho cerrado, a maletines que cambian de manos en madrugadas turbias, a favores envenenados y mentiras cocinadas a fuego lento. La Moncloa no parece un gobierno; parece un maldito clan, con su padrino, sus capos y su ejército de silencios cómplices.
Ahí está Pedro Sánchez, el “padrino”, sonriendo como si todo esto fuera un circo que él mismo controla. Y su consigliere caído, José Luis Ábalos, el hombre que supuestamente se plantó en Barajas para recibir a Delcy Rodríguez como quien entrega un paquete delicado en un aparcamiento oscuro. ¿Qué pasó allí? Nadie lo sabe. Y el que lo sabe, calla. Porque en esta familia, la lealtad se paga. ¿Y Koldo? Ese nombre no necesita presentación. Supuestamente, el jefe de seguridad, el que está para apagar incendios y, si hace falta, enterrar algún que otro problema bajo toneladas de burocracia.
Todo esto, por supuesto, supuestamente. Que no estamos aquí para emitir condenas, pero hay que decirlo claro: el PSOE no es nuevo en este juego. Los ERE, la corrupción andaluza, las sombras que siempre los persiguen. Cambian las caras, pero no el guion. En Moncloa, como en cualquier clan, las reglas son simples: el poder es lo único que importa, y el ciudadano de a pie es un medio, no un fin.
Pero no nos hagamos los inocentes. ¿El Partido Popular? Más de lo mismo. Supuestamente, claro. Esa otra cara de la moneda, la familia rival, con sus tramas Gürtel, Bárcenas y la eterna nube de mierda que les sigue allá donde vayan. Porque no es cuestión de ideologías; es cuestión de poder. Siempre lo ha sido. Estos partidos no son servidores públicos. Son maquinarias gigantescas diseñadas para proteger sus propios intereses, para repartirse el pastel mientras tú y yo pagamos la cuenta.
La realidad, supuestamente, es esta: no importa si gobiernan los unos o los otros, siempre hay alguien moviendo hilos en las sombras. Las reuniones secretas, los sobres, los favores… no son la excepción, son el sistema. Da igual el color de la bandera que ondeen. PSOE, PP, da lo mismo. Los intereses privados de los partidos políticos no buscan lo mejor para los ciudadanos. Buscan lo mejor para ellos mismos, para sus líderes, sus amigos y sus redes de poder.
Y mientras tanto, aquí estamos, con el país hecho un desastre, las instituciones tambaleándose y los de siempre, asegurándose de que todo siga igual. Supuestamente, claro. Porque esto, amigos, no es democracia. Es una partida de ajedrez donde los ciudadanos somos los peones. ¿Y sabes lo que pasa con los peones? Que son los primeros en caer.
Hai moito comercial bén pagado de Altri; en Europa tamén.
As funcións dun eurodiputado, son defender os intreses dos cidadáns aos que representan, non os das empresas contamiñantes. Estades quedando en evidencia, e calquer persoa medianamente intelixente, dase conta de que, coa vosa aititude, estades a convertirvos en «lobistas», desa multinacional portuguesa.
O dia 15 de decembro, de novo deixaremos craro, que non queremos outra macrocelulosa en Galicia. Todxs a manifestación en Compostela. ¡ALTRI NON!