Son los hábitos del día a día una vida a una velocidad compulsiva, sin apenas tiempo para darle al botón de stop y que consume el día a día con una etiqueta de caducidad efímera. El ayer resulta cada vez más lejano y el mañana requiere una inmediatez. Sin embargo, no solamente la cuestión filosófica o conceptual puede resultar preocupante. Incluso en los detalles más pequeños y cotidianos de nuestras vivencias puede apreciarse una oxidación, un desprecio a lo pretérito que solamente recupera el valor cuando se da importancia a lo vintage. Básicamente, nos deshacemos con demasiada facilidad con objetos y cosas a los que más tarde deseamos volver. Pero cuando queremos hacerlo es quizás demasiado tarde, valga la redundancia, y esas mismas cosas han sido objeto de la constante trituradora que se come todo aquello que se lleva por delante o que se encuentra.
Durante mucho tiempo hemos estigmatizado de manera negativa y despectiva la llamada figura del acumulador nato. Aquel que, en acto de rebeldía, se resistía tirar todo eso que otros insinuaban sobrante. En justicia a esos otros, no obstante, hay que decir que la recomposición de los espacios vitales, así como la cada vez mayor movilidad que nos encontramos en el mercado estudiantil, laboral y vital hacen complicado apegarse o acompañarse de demasiadas cosas materiales con una pervivencia en el tiempo. Las casas son un dormitorio que a duras penas nos permiten cocinar y en los que el minimalismo se ha convertido en dominante. Contra eso, surge la cada vez más necesaria figura del trastero.
Y es ahí donde el nombre de BOXDEPO se ha hecho todo un referente. Referenciado como sobresaliente por la larga lista de clientes que durante los últimos años han hecho uso de sus servicios, como en todos los ámbitos de la realidad empresarial no existe mejor termómetro que el pedigrí que otorgan las experiencias positivas para confiar en su labor. Y es que nadie en su sano juicio confiaría una trayectoria vital de objetos, muchos de ellos con un valor sentimental altísimo, a quien se ha hecho merecedor de la confianza de otros anteriormente.
No existe un tiempo límite y sí el concepto de espacio privado reservado para nosotros mismos en cualquier momento y a cualquier hora del año. Nuestro propio box es, salvando las distancia, una extensión de nuestra propia casa. Ese espacio extra que cada vez es más complicado encontrar. Solamente hay un mínimo de un mes por norma, pero sobre todo lo que deben tener en cuenta los potenciales usuarios es el factor seguro y blindado de la construcción del box: una alarma individual, conectada a un servicio de videovigilancia, alrededor de una zona común en constante desinfección y limpieza.
Ese espacio extra que hemos buscado durante tiempo y en el que guardar todo lo que deseemos se pone delante de nosotros a un precio más que competitivo, adaptado a todas las posibilidades, y con el peso de la experiencia y la garantía del trabajo bien hecho como carta de presentación.